Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá
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¡Oh sierva de Dios! Las buenas nuevas celestiales deben ser transmitidas con la mayor dignidad y magnanimidad. Y hasta que un alma no surja con las cualidades que son esenciales para el portador de estas nuevas, sus palabras no tendrán ningún efecto.
¡Oh esclava de Dios! El espíritu humano posee poderes maravillosos, mas debe ser fortalecido por el Espíritu Santo. Lo que oigas diferente de esto es pura imaginación. No obstante, si recibe la ayuda de la munificencia del Espíritu Santo, entonces su fuerza será algo para maravillarse. Entonces aquel espíritu humano descubrirá realidades y desentrañará misterios. Vuelve por completo tu corazón hacia el Espíritu Santo e invita a los demás a que hagan lo mismo; entonces contemplaréis portentosos resultados.
¡Oh sierva de Dios! Las estrellas del cielo no ejercen ninguna influencia espiritual en este mundo de polvo; pero todos los miembros y partes del universo están muy firmemente enlazados entre sí en ese espacio sin límites, y este vínculo produce una reciprocidad en los efectos materiales. Ajeno a la munificencia del Espíritu Santo, todo lo que oigas acerca del efecto de los trances o de las trompetas de los médium que transmiten las voces cantantes de los muertos es pura y simple imaginación. Sin embargo, acerca de la munificencia del Espíritu Santo refiere todo cuanto quieras: no puede haber en ello exageración; cree, por tanto, en todo cuanto oigas acerca de ello. Mas las personas mencionadas, las gentes de la trompeta, se hallan absolutamente excluidas de esta munificencia y no participan de ella; su modo de obrar es una ilusión.
¡Oh sierva de Dios! Las súplicas son concedidas por medio de las Manifestaciones Universales de Dios. Con todo, cuando el deseo es obtener cosas materiales, aunque se trate de los desatentos, si suplican implorando humildemente la ayuda de Dios, incluso su oración tendrá efecto.
¡Oh sierva de Dios! A pesar de que la realidad de la Divinidad es santificada e ilimitada, las metas y necesidades de las criaturas tienen limitaciones. La gracia de Dios es como la lluvia que desciende del cielo: el agua no está circunscrita a limitaciones de forma, mas según el lugar en que cae adquiere limitaciones –dimensiones, aspecto, forma– de acuerdo con las características del lugar. En un estanque cuadrado, el agua que previamente no estaba restringida se convierte en un cuadrado; en un estanque de seis lados, se transforma en un hexágono; en un estanque de ocho lados, en un octágono y así sucesivamente. La lluvia en sí misma no tiene geometría, ni límites, ni forma, pero adquiere una forma u otra según sean las características del recipiente. De igual modo, la Santa Esencia de Dios nuestro Señor es ilimitada, inmensurable, pero Su gracia y Su esplendor se vuelven finitos en las criaturas debido a sus limitaciones, por lo cual las oraciones de determinadas personas reciben respuesta favorable en ciertos casos.
¡Oh sierva de Dios! Con el Señor Jesucristo ocurre lo mismo que con Adán. ¿El primer hombre que vino a la existencia en esta tierra tuvo padre o madre? Ciertamente, él no los tuvo. Mas Cristo sólo carecía de padre.
¡Oh sierva de Dios! Las oraciones que han sido reveladas para pedir curación son aplicables a la curación tanto física como espiritual. Recítalas, entonces, para curar tanto el alma como el cuerpo. Si la curación es lo que el paciente requiere, ciertamente le será concedida; pero para ciertas personas dolientes, la curación sólo sería la causa de otros males y, por tanto, la sabiduría no permite una respuesta afirmativa a la oración.
¡Oh sierva de Dios! El poder del Espíritu Santo sana tanto las dolencias físicas como espirituales.
¡Oh sierva de Dios! Está escrito en la Torá: “Y os daré el valle de Acor por puerta de esperanza”. El valle de Acor es la ciudad de ‘Akká, y quienquiera que haya interpretado esto de otro modo es de aquellos que no saben.
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