¡Oh vosotras, dos benditas almas! Se han recibido vuestras cartas. Mostraban que habéis investigado la verdad y os habéis librado de las imitaciones y las supersticiones, que observáis con vuestros propios ojos y no con los de los demás, que escucháis con vuestros propios oídos y no con los de otros y que descubrís los misterios con la ayuda de vuestra propia conciencia y no con la de los demás. Pues el imitador dice que tal hombre ha visto algo, que tal hombre ha oído algo y que tal conciencia ha descubierto algo; en otras palabras, él depende de la vista, del oído y de la conciencia de los demás y no tiene voluntad propia.
Ahora bien, gracias a Dios, habéis mostrado fuerza de voluntad y os habéis vuelto hacia el Sol de la Verdad. El llano de vuestro corazón ha sido iluminado por las luces del Señor del Reino, y habéis sido guiados por el recto camino, habéis marchado por la ruta que conduce al Reino, habéis entrado en el Paraíso de Abhá y habéis obtenido una porción y parte del fruto del Árbol de la Vida.
Bienaventuradas sois y un buen hogar os aguarda. Salutaciones y alabanzas sean para vosotras.
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