¡Oh sinceros amados de la Belleza de Abhá! En estos días la Causa de Dios, por todo el mundo, crece rápidamente en poder y, día a día, se extiende cada vez más a los confines más apartados de la tierra. Por consiguiente, sus enemigos, que provienen de todos los linajes y pueblos de la tierra, se ponen cada vez más agresivos, malévolos, envidiosos y enconadamente hostiles. Incumbe a los amados de Dios emplear el mayor cuidado y prudencia en todas las cosas, ya sean grandes o pequeñas, consultarse entre sí y resistir unidos el ataque de los promotores de discordia y los instigadores de maldad. Deben poner empeño en asociarse con todos en un espíritu amistoso, deben guardar moderación en su conducta, deben tener respeto y consideración los unos hacia los otros, y mostrar bondad y tierno afecto a todos los pueblos del mundo. Deben ser pacientes y resignados, para que lleguen a convertirse en los divinos imanes del Reino de Abhá y adquieran el poder dinámico de las huestes del dominio de lo alto.
Las fugaces horas de la vida del hombre en la tierra pasan rápidamente y lo poco que aún queda ha de llegar a su fin, mas aquello que permanece y perdura por siempre es el fruto que el hombre cosecha de su servidumbre ante el Divino Umbral. ¡Ved qué cierta es dicha sentencia y cuán abundantes y gloriosas son las pruebas de ello en el mundo del ser!
¡La gloria de las glorias sea con el pueblo de Bahá!
Buscar en este libro
Escribe una palabra para buscar en este libro.