¡Oh siervo de Dios! Se ha recibido tu carta y ha sido causa de gran alegría. Has expresado tu ardiente deseo de que yo asista al Congreso de Paz. Yo no me presento en tales conferencias políticas, pues el establecimiento de la paz es inalcanzable salvo por el poder de la Palabra de Dios. Cuando se convoque una conferencia que sea representativa de todas las naciones y que funcione bajo la influencia de la Palabra de Dios, entonces se establecerá la paz universal, mas de otro modo es imposible.
Es cierto que en la actualidad está establecida una paz temporal, pero no es duradera. Todos los gobiernos y naciones están cansados de la guerra, de las dificultades de traslado, de los ingentes gastos, de las pérdidas de vidas, de la aflicción de las mujeres, de la gran cantidad de huérfanos y, por fuerza, son empujados a la paz. Pero esta paz no es permanente sino transitoria.
Esperamos que el poder de la Palabra de Dios establezca una paz que se mantenga eternamente en vigor y segura.
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