Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá
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La primera condición es la armonía y el amor absolutos entre los miembros de la asamblea. Deben estar completamente libres de distanciamiento y manifestar en sí mismos la Unidad de Dios, pues ellos son las olas de un solo mar, las gotas de un solo río, las estrellas de un solo firmamento, los rayos de un solo sol, los árboles de un solo huerto, las flores de un solo jardín. Si no existieran la armonía de pensamiento y absoluta unidad, esa reunión sería dispersada y esa asamblea sería reducida a nada. La segunda condición es que los miembros de la asamblea deben elegir unidos un presidente y establecer las directrices y estatutos para sus reuniones y discusiones. El presidente debe estar al cargo de esas reglas y reglamento, protegerlas y aplicarlas; los demás miembros deben ser sumisos y abstenerse de conversar sobre temas superficiales y ajenos. Deben, al reunirse, volver el rostro al Reino de lo alto y solicitar la ayuda del Dominio de la Gloria. Deben luego proceder a expresar sus opiniones con máxima devoción, cortesía, dignidad, cuidado y moderación. En todas las materias deben tratar de encontrar la verdad y no insistir en su propia opinión, ya que la obstinación y persistencia en el propio parecer conducirá finalmente a la discordia y la disputa, y permanecerá oculta la verdad. Los honorables miembros deben expresar sus propios pensamientos con toda libertad, y de ningún modo es permisible que alguno reste importancia al pensamiento de otro, es más, debe exponer la verdad con moderación, y si surgieren diferencias de opinión, debe prevalecer la mayoría de los votos, y todos deben obedecer a la mayoría y someterse a ella. Además, no se permite que alguno de los honorables miembros objete o censure, ya sea en la reunión o fuera de ella, cualquier decisión a que se haya llegado previamente, aun cuando tal decisión no sea correcta, pues tal crítica impedirá que se ponga en vigor cualquier decisión. En breve, cualquier cosa que se resuelva en armonía y con amor y pureza de intención dará como resultado la luz; y si prevaleciere la más leve señal de alejamiento, el resultado será la peor de las oscuridades. [...] Si ello se considera de esta manera, esa asamblea será de Dios; de lo contrario conducirá al enfriamiento y al distanciamiento que proceden del Maligno. [...] Si se esfuerzan por cumplir con estas condiciones, les será conferida la Gracia del Espíritu Santo y esa asamblea llegará a ser el centro de las bendiciones divinas, en su ayuda descenderán las huestes de la confirmación divina y día a día recibirá una nueva efusión de Espíritu.
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