Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá
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¡Oh hija del Reino! Tu carta ha llegado y su contenido deja bien claro el hecho de que has dirigido todos tus pensamientos hacia la adquisición de la luz procedente de los dominios del misterio. Mientras los pensamientos de una persona se hallen dispersos, no logrará ningún resultado; mas si su pensamiento se concentra en un único punto, los frutos del mismo serán maravillosos.
Uno no puede obtener toda la fuerza de la luz solar cuando es proyectada sobre un espejo plano, mas en cuanto el Sol se refleja sobre un espejo cóncavo o sobre una lente convexa, todo su calor se concentra en un solo punto, y ese único punto arderá al máximo. Así, es necesario enfocar el pensamiento en un único punto, para que llegue a ser una fuerza eficaz.
Tú deseabas celebrar el Día de Riḍván con una fiesta, y hacer que los asistentes se ocuparan ese día en recitar Tablas con deleite y regocijo, y me pediste que te enviara una carta para ser leída en ese día. Mi carta es ésta:
¡Oh amados y siervas del Misericordioso! Éste es el día en que el Sol de la Verdad ha surgido sobre el horizonte de la vida, se ha esparcido su gloria y su brillo ha resplandecido con tal poder que ha hendido las densas nubes acumuladas, y en todo su esplendor ha ascendido hasta los cielos del mundo. De ahí que atestigüéis una nueva agitación en todas las cosas creadas.
Ved cómo el ámbito de las ciencias y de las artes se ha ensanchado en este día, y qué maravillosos adelantos técnicos se han realizado, y en qué grado han aumentado los poderes de la mente, y qué estupendas invenciones han surgido.
Esta época es, de hecho, como un centenar de otras épocas; si reunierais la producción de cien épocas y la cotejarais con el producto acumulado de nuestros tiempos, la producción de esta era resultaría mayor que la de un centenar de eras pasadas. Tomad, por ejemplo, el conjunto de la totalidad de los libros que han sido escritos en las épocas pasadas y comparadlo con los libros y tratados que ha producido nuestra era; estos libros escritos solamente en nuestros días exceden con mucho la cantidad total de volúmenes que han sido escritos en todas las épocas. ¡Ved lo poderosa que es la influencia ejercida por el Sol del mundo sobre la esencia misma de todas las cosas creadas!
Mas, ¡ay!, un millar de veces ¡ay! Los ojos no lo ven, los oídos están sordos y los corazones y las mentes no se dan cuenta de esta suprema dádiva. Esforzaos vosotros, entonces, con todo vuestro corazón y vuestra alma, por despertar a aquellos que duermen, hacer que los ciegos vean y que resuciten los muertos.
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