Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá

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¡Oh querida sierva de Dios! Ha sido recibida tu carta, y se ha leído con atención su contenido.

Entre la masa del pueblo el matrimonio es un lazo físico, y esa unión sólo puede ser transitoria, pues al final está condenada a una separación física.

Sin embargo, entre el pueblo de Bahá el matrimonio debe ser la unión del cuerpo como así también del espíritu, pues aquí tanto el marido como la mujer están arrobados por el mismo vino, ambos están enamorados del mismo Rostro incomparable, ambos viven y se mueven con el mismo espíritu, ambos están iluminados por la misma gloria. Este vínculo entre ellos es espiritual, luego es una ligadura que perdurará por siempre. Asimismo, gozan de lazos firmes y duraderos también en el mundo físico, pues si el matrimonio está basado tanto en el espíritu como en el cuerpo, esa unión es verdadera y, por consiguiente, perdurará. No obstante, si el vínculo es físico y nada más, con seguridad será transitorio e inexorablemente ha de terminar en separación.

Por consiguiente, cuando los seguidores de Bahá decidan unirse en matrimonio, la unión debe ser una relación verdadera, una reunión tanto espiritual como física, para que esa unión perdure en todas las etapas de la vida y en todos los mundos de Dios; pues esta unicidad real es un destello del amor de Dios.

Del mismo modo, cuando quiera que las almas lleguen a ser verdaderos creyentes, alcanzarán una relación espiritual de unos con otros y evidenciarán una ternura que no es de este mundo. Todos ellos se regocijarán con un sorbo del divino amor, y esa unión entre ellos, ese vínculo, perdurará también por siempre. Es decir, las almas que se releguen a sí mismas al olvido, se despojen de los defectos del género humano y rompan las cadenas de la servidumbre humana, serán sin duda alguna iluminadas con los esplendores celestiales de la unicidad y todas alcanzarán la verdadera unión en el mundo que no muere.