Si no hubiese ningún educador, todas las almas permanecerían en condición de salvajes, y si no fuera por el maestro, los niños serían criaturas ignorantes.
Es por esta razón que, en este nuevo ciclo, la educación y la enseñanza están consignadas en el Libro de Dios como obligatorias y no voluntarias. Es decir, se les impone al padre y a la madre, como un deber, hacer todos los esfuerzos por instruir a la hija y al hijo, amamantarlos con el pecho del conocimiento y criarlos en el regazo de las ciencias y las artes. Si desatendiesen este asunto serían considerados responsables y dignos de reproche, en la presencia del severo Señor.
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