¡Oh sincero siervo del Verdadero! He oído que estás afligido y acongojado por los sucesos del mundo y las vicisitudes de la suerte. ¿Por qué tal temor y pesar? Los verdaderos amantes de la Belleza de Abhá y aquellos que han bebido del Cáliz de la Alianza no temen ninguna calamidad ni se sienten deprimidos a la hora de la prueba. Consideran el fuego de la adversidad como su jardín de delicias y la profundidad del mar como la extensión del cielo.
Tú que te hallas al amparo de Dios y a la sombra del Árbol de Su Alianza, ¿por qué te apesadumbras y atribulas? No te preocupes y ten confianza. Observa los mandamientos escritos de tu Señor con regocijo y paz, con seriedad y sinceridad; y deséales el bien a tu país y a tu gobierno. Su gracia te ayudará en todo momento, te serán conferidas Sus bendiciones y se hará realidad el deseo de tu corazón.
¡Por la Antigua Belleza! -que mi vida sea un sacrificio por Sus amados-. Si los amigos se dieran cuenta de la gloriosa soberanía que el Señor ha destinado para ellos en Su Reino, con seguridad se llenarían de éxtasis, se verían coronados de gloria inmortal y transportados por deleites de arrobamiento. ¡Dentro de poco se pondrá de manifiesto cuán brillantemente ha resplandecido sobre Sus amados la luz de Su munífico favor y merced, y el turbulento océano que se ha agitado en Sus corazones! Entonces clamarán y exclamarán: ¡Felices somos; que todo el mundo se regocije!
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