Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá
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¡Oh joven espiritual! Da gracias a Dios por haber encontrado el camino para entrar en el Reino de los Esplendores, porque has desgarrado el velo de las vanas imaginaciones y porque te ha sido dada a conocer la esencia del misterio interior.
La totalidad de estas gentes han imaginado un dios en el dominio de su mente y adoran esa imagen que ellos mismos se han creado. Con todo, esa imagen es comprendida por la mente humana, y el que comprende es sin duda superior a aquello comprendido; pues la imaginación no es más que la rama, mientras que la mente es la raíz y, ciertamente, la raíz es mayor que la rama. Considera, entonces, cómo todos los pueblos del mundo doblan la rodilla ante una fantasía de su propia invención, cómo han creado a un creador dentro de sus propias mentes y lo llaman el Modelador de todo lo que es, mientras que en verdad no es más que una ilusión. Así, las gentes no adoran sino a un error de percepción.
Mas aquella Esencia de las Esencias, aquel Invisible de los Invisibles, está purificado de toda especulación humana y nunca será alcanzado por la mente del hombre. Jamás habitará aquella Realidad inmemorial dentro del ámbito de un ser contingente. El Suyo es otro dominio y de ese dominio nunca se tendrá noción. No hay acceso a él; toda entrada está prohibida. A lo sumo se puede decir que Su existencia es demostrable, pero las condiciones de Su existencia son desconocidas.
Todos los filósofos y doctores eruditos han comprendido que esa Esencia existe; mas toda vez que trataron de conocer algo de Su ser quedaron perplejos y consternados y, al final, desesperaron, y con sus esperanzas en ruina siguieron el camino hasta salir de esta vida. Pues para comprender el estado y el misterio interior de aquella Esencia de las Esencias, de aquel Más Secreto de los Secretos, uno debe necesariamente poseer otro poder y otras facultades; y ese poder y esas facultades serían más de lo que los seres humanos son capaces de sobrellevar, por lo que de Él no reciben noticia alguna.
Por ejemplo, si uno está dotado con los sentidos del oído, del gusto, del olfato y del tacto, pero está privado del sentido de la vista, no le será posible mirar a su alrededor, pues la visión no puede llevarse a cabo a través del oído o del gusto o del olfato o del tacto. De igual modo, con las facultades que el hombre tiene a su disposición, está más allá del dominio de sus posibilidades la comprensión de aquella Realidad invisible, santa y purificada de todas las dudas de los escépticos. Para ello se requieren otras facultades, otros sentidos; y si tales poderes llegaran a estar disponibles para él, entonces podría un ser humano obtener algún conocimiento de ese mundo; de lo contrario, jamás.
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