¡Oh llama ardiente del amor celestial! Tu corazón ha sido tan inflamado de amor a Dios que a diez mil leguas de distancia se puede sentir y ver su calor y esplendor. El fuego encendido por la mano mortal proporciona luz y calor tan sólo a un pequeño espacio, mientras que esa sagrada llama que ha encendido la mano de Dios, aunque arda en el Oriente, inflamará al Occidente y proporcionará calor tanto al Norte como al Sur; es más, se elevará desde este mundo y brillará con llama abrasadora en los dominios de lo alto, e inundará de luz el Reino de eterna gloria.
Dichoso eres por haber obtenido semejante don celestial, bienaventurado eres por haber sido favorecido con Sus divinas dádivas.
La gloria de Dios sea contigo y con aquellos que se aferran al firme asidero de Su Voluntad y santa Alianza.
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