Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá

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¡Oh amigos íntimos y queridos de ‘Abdu’l-Bahá!

Perfumes por el Oriente esparcid; por Occidente, esplendores. Al búlgaro llevadle albores, y al eslavo revivid.

Un año después de la ascensión de Bahá’u’lláh salió este verso de los labios del Centro de la Alianza. Los violadores de la Alianza lo encontraron ciertamente extraño y lo trataron con desdén. Sin embargo, gracias a Dios, sus efectos están ahora manifiestos, ha sido revelado su poder y su importancia es evidente; pues, por la gracia de Dios, hoy día tanto Oriente como Occidente están trémulos de alegría, y ahora, por los fragrantes soplos de la santidad, el mundo entero está perfumado de almizcle.

La Bendita Belleza, en lenguaje inequívoco, ha hecho esta promesa en Su Libro: “Os vemos desde Nuestro dominio de gloria y ayudaremos a quienquiera que se levante por el triunfo de Nuestra Causa con las huestes del Concurso de lo Alto y una compañía de Nuestros ángeles predilectos”.

Gracias a Dios que ha sido conferida la ayuda prometida, como es evidente para todos, y resplandece tan claramente como el sol en los cielos.

En consecuencia, oh amigos de Dios, redoblad vuestros esfuerzos, empeñaos al máximo, hasta que triunféis en vuestro servicio a la Antigua Belleza, la Luz Manifiesta, y lleguéis a hacer que se difundan por todas partes los rayos del Sol de la Verdad. Insuflad en el desgastado y enflaquecido cuerpo del mundo el fresco hálito de la vida, y en los surcos de todas las regiones sembrad las santas semillas. Disponeos a abogar por esta Causa; abrid los labios y enseñad. En el lugar de reunión de la vida sed un cirio de guía; en los cielos de este mundo sed estrellas rutilantes; en los jardines de la unidad sed aves del espíritu que cantan acerca de las verdades y los misterios interiores.

Destinad cada hálito de vuestra vida a esta gran Causa y dedicad todos vuestros días al servicio de Bahá, para que al final, libres de pérdida y privación, heredéis los tesoros que se han acumulado en los dominios de lo alto. Pues los días de un hombre están llenos de peligro y él no puede contar tan siquiera con un momento más de vida; y, no obstante, las gentes, que son como un vacilante espejismo de ilusiones, se dicen a sí mismas que al final alcanzarán las alturas. ¡Lástima por ellos! Los hombres de tiempos pasados abrazaron esas mismas fantasías, hasta que les golpeó una ola y retornaron al polvo, y se encontraron excluidos y desprovistos; todos excepto aquellas almas que se habían liberado del yo y habían sacrificado su vida en el camino de Dios. Su brillante estrella resplandeció en los cielos de antigua gloria, y las memorias transmitidas en todas las épocas constituyen la prueba de lo que digo.

En consecuencia, no descanséis ni de día ni de noche y no busquéis tranquilidad. Relatad los secretos de la servidumbre, seguid la senda del servicio hasta que alcancéis el socorro prometido que proviene de los dominios de Dios.

¡Oh amigos! Negras nubes han envuelto toda esta tierra, y se extiende por todas partes la lobreguez del odio y la malevolencia, de la crueldad y la agresión y la corrupción. Las gentes, en su totalidad, se pasan la vida en negligente estupor y consideran que las principales virtudes del hombre son la rapacidad y la sed de sangre. De todo el conjunto de la humanidad, Dios ha escogido a los amigos y los ha favorecido con Su guía y Su ilimitada gracia. Su propósito es éste: que nosotros, en nuestra totalidad, nos esforcemos de todo corazón en ofrendarnos, guiar a los demás hacia Su camino y educar a las almas de los hombres, hasta que estas bestias feroces se transformen en gacelas en los prados de la unicidad, y estos lobos, en corderos de Dios, y estas criaturas sanguinarias, en huestes angelicales; hasta que se extingan los fuegos del odio, y derrame sus esplendores la llama procedente del seguro valle del Sagrado Santuario; hasta que se disipe el hedor del muladar del tirano y ceda el lugar a los puros y fragantes aromas que emanan de las rosaledas de la fe y la confianza. En ese día los débiles de intelecto recurrirán a la munificencia de la divina Mente Universal y aquellos cuya vida no es sino abominación buscarán estos santos hálitos purificadores.

Mas tiene que haber necesariamente almas que manifiesten tales dádivas; tiene que haber necesariamente labradores que cultiven estos campos, jardineros para estos jardines; tiene que haber necesariamente peces que naden en este mar, estrellas que fulguren en estos cielos. Los dolientes deben ser atendidos por médicos espirituales, los que están perdidos necesitan amables guías; para que, de estas almas, los desprovistos reciban su porción, los privados obtengan su parte, los pobres descubran en tales almas riqueza inmensurable y los buscadores escuchen de ellas las irrefutables pruebas.

¡Oh mi Señor, mi Defensor, mi Ayuda en el peligro! Sumiso, Te suplico; enfermo, acudo a ti para ser sanado; humildemente, clamo a ti, con mi lengua, mi alma, mi espíritu:

¡Oh Dios, mi Dios! La lobreguez de la noche ha envuelto a todas las regiones y toda la tierra está encerrada en densas nubes. Los pueblos del mundo están hundidos en las oscuras profundidades de las vanas ilusiones, mientras que sus tiranos se refocilan en el odio y la crueldad. No veo nada sino el resplandor de fuegos abrasadores cuyas llamas se elevan desde el más profundo abismo, nada oigo fuera del atronador estrépito de miles y miles de ígneas armas de combate, mientras todos los países claman en voz alta, en su lengua secreta: “¡Mi riqueza de nada me sirve, y mi soberanía ha fenecido!”.

Oh mi Señor, se han extinguido las lámparas de la guía. Las llamas de la pasión ascienden cada vez más y la malevolencia crece en el mundo sin parar. La maldad y el odio han cubierto la faz de toda la tierra y no encuentro más almas que Tu propio oprimido y pequeño grupo, que eleva este clamor:

¡Corred hacia el amor! ¡Acudid a la lealtad! ¡Apresuraos a dar! ¡Venid en busca de guía!

¡Venid en busca de armonía! ¡Venid a ver el Sol! ¡Venid en busca de bondad, de sosiego! ¡Aquí encontraréis amistad y paz!

¡Venid y deponed vuestras armas de ira, hasta que se logre la unidad! Venid y, en el verdadero camino del Señor, ayudaos unos a otros.

En verdad, con desbordante alegría, con alma y corazón, estos oprimidos Tuyos se ofrendan por toda la humanidad en todos los países. Tú los ves, oh mi Señor, llorando por las lágrimas que tu pueblo ha derramado, lamentando el dolor de tus hijos, condoliéndose de la humanidad, sufriendo a causa de las calamidades que acosan a todos los habitantes de la tierra.

Oh mi Señor, dales las alas de la victoria para que se remonten hacia la salvación, fortalece sus hombros en el servicio a Tu pueblo y sus espaldas en la servidumbre en Tu Umbral de Santidad.

¡En verdad, Tú eres el Generoso; en verdad, Tú eres el Misericordioso! No hay otro Dios sino Tú, el Clemente, el Compasivo, el Anciano de Días!