¡Oh tú, que buscas el Reino del cielo! Este mundo es como el cuerpo del hombre y el Reino de Dios es como el espíritu de la vida. Fíjate en lo oscuro y estrecho que es el mundo físico del cuerpo del hombre y cómo es presa de enfermedades y dolencias. Por otra parte, cuán fresco y luminoso es el dominio del espíritu humano. Juzga por esta metáfora cómo ha brillado el mundo del Reino y cómo se han hecho obrar sus leyes en este dominio inferior. Aun cuando el espíritu está oculto a la vista, sus mandamientos resplandecen como los rayos de luz sobre el mundo del cuerpo humano. Del mismo modo, aun cuando el Reino del cielo está oculto a la vista de esta gente inconsciente, para aquel que ve con el ojo interior está claro como el día.
Por consiguiente, habita siempre en el Reino y olvídate de este mundo inferior. Déjate absorber tanto por las emanaciones del espíritu que no te distraiga nada del mundo del hombre.
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