¡Oh distinguido médico!. [...] Gracias a Dios, tienes dos poderes: uno para emprender la curación física y el otro para la curación espiritual. Los aspectos relacionados con el espíritu del hombre tienen un gran efecto en su condición corporal. Por ejemplo, deberías transmitir alegría a tu paciente, proporcionarle consuelo y regocijo, y conducirle al éxtasis y a la exultación. Cuántas veces ha ocurrido que esto ha causado una pronta recuperación. Por consiguiente, trata a los enfermos con ambos poderes. Los sentimientos espirituales tienen un efecto sorprendente en la curación de las dolencias nerviosas.
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