¡Oh querida sierva de Dios! Hemos recibido Tu carta y tomado conocimiento de su contenido. Tú has solicitado una norma de guía para tu vida.
Cree en Dios y mantén los ojos fijos en el exaltado Reino; permanece enamorada de la Belleza de Abhá; mantente firme en la Alianza; ansía ascender al Cielo de la Luz Universal. Despréndete de este mundo y renace mediante las perfumadas fragancias de santidad que provienen del dominio del Altísimo. Sé alguien que convoca al amor y sé bondadosa con toda la raza humana. Ama a los hijos de los hombres y participa de sus pesares. Sé de aquellos que promueven la paz. Ofrece tu amistad, sé digna de confianza. Sé un bálsamo para toda herida, una medicina para todo mal. Enlaza las almas entre sí. Recita los versículos de la guía. Ocúpate en la adoración de tu Señor y disponte a conducir a las gentes rectamente. Desata la lengua y enseña, y haz que tu rostro reluzca con el fuego del amor de Dios. No descanses ni por un momento, ni te des respiro. Así llegarás a ser un signo y símbolo del amor de Dios y un estandarte de Su gracia.
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