¡Oh almas benditas! Aunque soportáis cruciales pruebas en razón de los repetidos y asiduos intentos de algunas personas de debilitar la fe de los amigos en Los Ángeles, sois protegidos por la mirada de la munificencia de Bahá’u’lláh y sois auxiliados por legiones de ángeles.
Por consiguiente, caminad con paso seguro, y con la mayor seguridad y confianza ocupaos en la promulgación de las divinas fragancias, en la glorificación de la Palabra de Dios y la firmeza en la Alianza. Estad seguros de que, si un alma se levanta con extrema perseverancia y eleva la Llamada del Reino y resueltamente proclama la Alianza, aunque fuese una insignificante hormiga, sería capaz de arrojar lejos del ruedo al formidable elefante y, aunque fuese una débil polilla, cercenaría en jirones el plumaje del buitre rapaz.
Esforzaos, por tanto, para que ahuyentéis y disperséis el ejército de la duda y el error con el poder de las santas expresiones. Ésta es mi exhortación y éste es mi consejo. No os peleéis con nadie y evitad toda forma de discordia. Expresad la Palabra de Dios. Si la acepta, se habrá logrado el propósito deseado y, si se aparta, dejadle solo y confiad en Dios.
Tal es el atributo de aquellos que son firmes en la Alianza.
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