Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá

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¡Oh amados de ‘Abdu’l-Bahá y siervas del Misericordioso! Es temprano en la mañana y los vivificantes vientos del Paraíso de Abhá soplan sobre toda la creación, mas sólo pueden conmover a los puros de corazón y sólo el sentido puro es capaz de percibir su fragancia. Sólo el ojo sensible ve los rayos del sol y sólo el oído atento puede escuchar el canto del Concurso de lo alto. Aunque las copiosas lluvias de la primavera, las dádivas del cielo, se derraman sobre todas las cosas, sólo pueden hacer fructificar la tierra buena; no aman el suelo salobre, donde no se ve ningún resultado de toda esa munificencia.

Hoy en día, las suaves y sagradas brisas del Dominio de Abhá se difunden por todos los países, pero sólo los puros de corazón se aproximan a ellas y obtienen provecho. Es la esperanza de esta alma agraviada que, por la gracia de Aquel que subsiste por Sí mismo y por el manifiesto poder de la Palabra de Dios, la cabeza de los desatentos se despeje, a fin de que puedan percibir estas perfumadas fragancias provenientes de las secretas rosaledas del espíritu.

¡Oh amigos de Dios! Los verdaderos amigos son como los médicos expertos y las Enseñanzas de Dios son como un bálsamo curativo, una medicina para la conciencia del hombre. Despejan la cabeza, de modo que un hombre puede aspirarlas y deleitarse con su perfumada fragancia. Despiertan a los que duermen. Crean conciencia en el desatento, proporcionan una ración al indigente y al desesperanzado le infunden esperanza.

Si un alma en este día actuare conforme a los preceptos y consejos de Dios, será como un médico divino para la humanidad y, como la trompeta de Isráfíl , hará resucitar a los muertos de este mundo contingente; porque las confirmaciones del Dominio de Abhá jamás se interrumpen y semejante alma virtuosa será sostenida por la ayuda infalible de la Compañía de lo alto que le acompañará. De este modo, un insignificante mosquito llegará a ser un águila en la plenitud de sus fuerzas y un débil gorrión se transformará en un halcón real de las alturas de antigua gloria.

Por tanto, no reparéis en vuestro grado de capacidad, no preguntéis si sois merecedores de esa tarea; depositad vuestra esperanza en la ayuda, en la bondad, en los favores y las dádivas de Bahá’u’lláh, ¡que mi alma sea una ofrenda por Sus amigos! Haced cabalgar al corcel del elevado empeño hacia el campo del sacrificio y obtened en esta vasta liza el premio de la gracia divina.

¡Oh siervas del misericordioso Señor! Cuántas reinas de este mundo dejaron la cabeza sobre una almohada de polvo y desaparecieron. No quedó de ellas ningún fruto, ningún rastro, ningún signo, ni tan siquiera sus nombres. Para ellas no hubo más otorgamiento de dádivas; para ellas ya no hubo más vida en absoluto. No así para las siervas que han servido en el Umbral de Dios; ellas han resplandecido como estrellas rutilantes en los cielos de antigua gloria, derramando sus esplendores por toda la extensión del tiempo. Ellas han dado cumplimiento a sus más caras esperanzas en el Paraíso de Abhá; han probado la miel de la reunión en la congregación del Señor. Almas como éstas aprovecharon su existencia aquí en la tierra; cosecharon el fruto de la vida. En cuanto al resto, “ciertamente, les llegó el tiempo en el que pasaron a ser una cosa de la que no se habla”.

¡Oh amantes de este Agraviado! Purificad los ojos para que no consideréis a ningún hombre como diferente a vosotros mismos. No veáis extraños; más bien, ved a todos los hombres como amigos, pues difícilmente se origina amor y unidad cuando fijáis la mirada en la otredad. Y en esta nueva y maravillosa época, las Sagradas Escrituras dicen que debemos estar unidos con todas las gentes; que no debemos ver crueldad, ni injusticia, ni malevolencia, ni hostilidad, ni odio, sino más bien dirigir nuestra mirada hacia el cielo de la antigua gloria. Puesto que cada una de las criaturas es un signo de Dios, y fue por la gracia del Señor y Su poder que cada una entró en el mundo; por tanto, no son extraños, sino familiares; no son ajenos, sino amigos, y deben ser tratados como tales.

Por consiguiente, los amados de Dios deben asociarse en afectuosa camaradería con extraños y amigos por igual, demostrando a todos la mayor bondad, sin tener en cuenta su grado de capacidad, sin preguntarse nunca si merecen ser amados. Que en todos los casos los amigos sean considerados e infinitamente bondadosos. Que nunca se dejen vencer por la malevolencia de la gente, su agresión y su odio, por muy intensos que fueren. Si otros lanzan sus dardos contra vosotros, ofrecedles a cambio leche y miel; si os envenenan la vida, endulzadles el alma; si os lastiman, enseñadles a obtener alivio; si os causan una herida, sed un bálsamo para sus llagas; si os aguijonean, acercadles una copa refrescante a los labios.

¡Oh Dios, mi Dios! Estos son Tus débiles siervos; son Tus esclavos leales y Tus siervas, que se han inclinado ante Tu exaltada Palabra y se han mostrado humildes ante Tu Umbral de luz, y han dado testimonio de Tu unicidad, mediante la cual se ha hecho brillar el Sol en su esplendor meridiano. Han escuchado el llamamiento que elevaste desde Tu Dominio oculto y, con corazones estremecidos de amor y embeleso, han respondido a Tu llamado.

Oh Señor, derrama sobre ellos todas las efusiones de Tu misericordia; haz llover sobre ellos todas las aguas de Tu gracia. Haz que crezcan como hermosas plantas en el jardín del cielo y, con las nubes rebosantes de Tus dádivas y los profundos remansos de Tu abundante gracia, haz que este jardín florezca y se mantenga siempre verde y esplendoroso, siempre fresco, resplandeciente y hermoso.

Tú eres, verdaderamente, el Fuerte, el Exaltado, el Poderoso, Aquel que es el único en los cielos y en la tierra que permanece inmutable. No existe otro Dios salvo Tú, el Señor de señales y signos manifiestos.