Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá

219

¡Oh hijos e hijas del Reino! Se ha recibido vuestra carta, la cual sin duda fue inspirada por el cielo. Su contenido es muy grato, con sentimientos que surgen de corazones luminosos.

Los creyentes de Londres son en verdad firmes y leales, son decididos, constantes en el servicio; cuando son puestos a prueba no vacilan, ni disminuye su fuego con el transcurso del tiempo; más bien, son bahá’ís. Son el cielo, están llenos de luz, son de Dios. Sin duda alguna llegarán a ser la causa del enaltecimiento de la Palabra de Dios, del avance de la unicidad del mundo del hombre, de la promoción de las enseñanzas de Dios y de la difusión por doquier de la igualdad de todos los miembros de la raza humana.

Es fácil acercarse al Reino del Cielo, mas es difícil permanecer firme y leal dentro de él, pues las pruebas son rigurosas y difíciles de soportar. Pero los ingleses se mantienen constantes en todas las condiciones, y sus piernas no flaquean al primer indicio de dificultad. No son variables, no proceden irresponsablemente con un proyecto, para abandonarlo luego. Por ninguna causa trivial dejan de tener entusiasmo y celo, ni pierden el interés. Al contrario, en todo lo que hacen son estables, sólidos como una roca y leales.

Aunque habitáis en países occidentales, empero, gracias a Dios, oísteis Su llamada procedente del Oriente y, al igual que Moisés, os calentasteis las manos al fuego que arde en el Árbol de Asia. Hallasteis el verdadero camino, os encendisteis como lámparas y entrasteis en el Reino de Dios. Y ahora, en gratitud por estas bendiciones, os habéis dispuesto a implorar la ayuda de Dios para todos los pueblos de la tierra, a fin de que también sus ojos vean los esplendores del Reino de Abhá y sus corazones reflejen, como espejos, los luminosos rayos del Sol de la Verdad.

Es mi esperanza que los hálitos del Espíritu Santo sean insuflados en vuestros corazones a tal punto que vuestras lenguas descubran los misterios y expliquen y expongan los significados interiores de los Libros Sagrados; que los amigos lleguen a ser como médicos que, con la eficaz medicina de las Enseñanzas celestiales, curen las antiguas enfermedades que afligen el cuerpo de este mundo, hagan ver a los ciegos, oír a los sordos, resucitar a los muertos; que despierten a aquellos que están profundamente dormidos.

Tened la seguridad de que sobre vosotros descenderán las confirmaciones del Espíritu Santo y los ejércitos del Reino de Abhá os concederán la victoria.