¡Oh querido de ‘Abdu’l-Bahá! Sé el hijo de tu padre y el fruto de ese árbol. Sé un hijo que ha nacido de su alma y de su corazón, y no sólo del agua y de la arcilla. Un hijo verdadero es aquel que ha brotado de la parte espiritual del hombre. Pido a Dios que seas confirmado y fortalecido en todo momento.
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