Para exponer brevemente el tema, las Enseñanzas de Bahá’u’lláh abogan por compartir voluntariamente, y esto es algo más grande que la equiparación de riqueza. Pues la igualación debe ser impuesta desde afuera, mientras que el compartir es un asunto de libre elección.
El hombre alcanza la perfección por medio de las buenas acciones, realizadas voluntariamente, no por buenas obras que le son impuestas. Y compartir es una acción justa de decisión personal: es decir, el rico debe ofrecer su ayuda al pobre, debe gastar sus bienes en favor del pobre, mas por su propio libre albedrío, y no porque el pobre haya obtenido esto por la fuerza. Pues la cosecha de la fuerza es el tumulto y la ruina del orden social. Por el contrario, la partición voluntaria, el libre desembolso de los propios bienes, conducen a la comodidad y la paz de la sociedad. Ello ilumina el mundo y confiere honor a la humanidad.
He observado los buenos resultados de su filantropía en los Estados Unidos, en varias universidades, en reuniones por la paz y en asociaciones que promueven el saber, al viajar de ciudad en ciudad. Por consiguiente, ruego por usted para que siempre sea rodeado por las dádivas y bendiciones del cielo, y lleve a cabo muchas acciones filantrópicas en Oriente y Occidente; para que así resplandezca como un cirio encendido en el Reino de Dios, alcance honor y vida sempiterna y brille como una estrella resplandeciente en el horizonte de la eternidad.
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