Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá
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¡Oh querida sierva de Dios! Alaba a Dios porque eres favorecida en Su Santo Umbral y apreciada en el Reino de Su poder. Eres cabeza de una asamblea que es la impronta misma de la Compañía de lo alto, la imagen exacta del dominio todoglorioso. Con el corazón y el alma, con piadosa humildad y modestia, esfuérzate por sostener la Ley de Dios y esparcir por doquier Sus perfumadas fragancias. Empéñate por llegar a ser la verdadera presidenta de las asambleas de almas espirituales y una compañera de los ángeles en el dominio del Todomisericordioso.
Has preguntado acerca de los versículos décimo al decimoséptimo del vigésimo primer capítulo del Apocalipsis de San Juan el Teólogo. Has de saber que, de acuerdo con principios matemáticos, el firmamento del brillante sol de esta tierra ha sido dividido en doce constelaciones, a las cuales se las designa con los doce signos zodiacales. De igual modo, el Sol de la Verdad resplandece en doce posiciones de santidad y derrama su munificencia a través de ellas, y con estos signos celestiales se quiere decir aquellos personajes inmaculados e impolutos que son las fuentes mismas de la santidad y los puntos de amanecer que proclaman la unicidad de Dios.
Considera cómo en los días del Interlocutor (Moisés) hubo doce seres santos que fueron los jefes de las doce tribus; asimismo, observa que en la dispensación del Espíritu (Cristo) había doce apóstoles reunidos a la sombra protectora de aquella Luz excelsa, y el Sol de la Verdad resplandeció en esos espléndidos puntos de amanecer como el sol en el cielo físico. Por otra parte, observa que en los días de Muḥammad hubo doce puntos de amanecer de la santidad que manifestaron la confirmatoria asistencia de Dios. Así son las cosas.
En conformidad con ello, San Juan el Teólogo habló de doce puertas en su visión y de doce cimientos. Con “la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo de Dios”, se quiere decir la santa Ley de Dios, y ello queda expresado en muchas Tablas y aún puede leerse en las Escrituras de los Profetas del pasado: por ejemplo, que se vio a esa Jerusalén adentrarse en el desierto.
El significado del pasaje es que esta Jerusalén celestial tiene doce puertas, por las cuales los bienaventurados entran en la Ciudad de Dios. Estas puertas representan almas que son como estrellas de guía, como entradas al conocimiento y la gracia; y dentro de estas puertas hay doce ángeles. Con “ángel” se quiere decir el poder de las confirmaciones de Dios –que el cirio del poder confirmatorio de Dios resplandece en la hornacina de esas almas–, lo cual significa que a cada uno de esos seres les será conferido el más vehemente apoyo confirmador.
Estas doce puertas rodean el mundo entero, es decir, son como un refugio para todas las criaturas. Además, estas doce puertas son los cimientos de la ciudad de Dios, la Jerusalén celestial, y en cada uno de estos cimientos está inscrito el nombre de uno de los apóstoles de Cristo. Es decir, cada uno de ellos pone de manifiesto las perfecciones, el gozoso mensaje y la excelencia de ese santo Ser.
En breve, la Escritura dice: “El que hablaba conmigo tenía una vara hecha de oro, es decir, una medida, para medir la ciudad, sus puertas y sus torres”. El significado es que ciertos personajes guiaron al pueblo con un cayado que apareció de la tierra, y los pastorearon con una vara semejante a la vara de Moisés. Otros instruyeron y pastorearon al pueblo con una vara de hierro, como en la dispensación de Muḥammad. Y en el ciclo actual, debido a que es la más ingente de las dispensaciones, la vara aparecida del reino vegetal y la vara de hierro se transformarán en una vara de oro purísimo, procedente de los inagotables tesoros del Reino del Señor. Con esta vara serán instruidas las gentes.
Observa bien la diferencia: en una época las Enseñanzas de Dios eran como un cayado, y por este medio fueron divulgadas las Sagradas Escrituras, se promulgó la Ley de Dios y se estableció Su Fe. Luego siguió una época en que el cayado del verdadero Pastor era como hierro. Y hoy en día, en esta nueva y espléndida edad, la vara es como de oro puro. ¡Cuán grande es en este caso la diferencia! Has de saber, entonces, cuánto terreno ha sido ganado por la Ley de Dios y Sus Enseñanzas en esta dispensación, cómo han alcanzado tales alturas que con mucho trascienden las dispensaciones anteriores; en verdad, esta vara es de oro purísimo, en tanto que las de otros días eran de hierro y de madera.
Ésta es una respuesta breve que ha sido escrita para ti, ya que no había tiempo para más. Seguramente tú me perdonarás. Las siervas de Dios deben elevarse a tal posición que por sí solas y sin ayuda comprendan estos significados interiores y puedan exponer en toda su extensión cada una de las palabras; una posición en la que de la verdad de sus íntimos corazones brote un venero de sabiduría y surta como una fuente que corra impetuosa desde su propio manantial de origen.
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