¡Oh tú, que has buscado iluminación en la luz de la guía! Alaba a Dios por haberte dirigido hacia la luz de la verdad e invitado a entrar en el Reino de Abhá. Tu vista se ha iluminado y tu corazón se ha vuelto un jardín de rosas. Mi oración por ti es que crezcas cada vez más en fe y certidumbre, que brilles como una antorcha en las asambleas y les confieras la luz de la guía.
Siempre que se reúna una luminosa asamblea de los amigos de Dios, ‘Abdu’l-Bahá, aunque físicamente ausente, está presente en espíritu y en alma. Siempre viajo a América y me reúno con amigos iluminados y espirituales. La distancia desaparece y no impide la cercana e íntima asociación de dos almas que están estrechamente ligadas de corazón, aunque se hallen en dos países diferentes. Soy, por tanto, tu cercano compañero, en sintonía y en armonía con tu alma.
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