¡Oh tú, que eres firme en la Alianza! Se ha recibido la carta que escribiste el 2 de mayo de 1919. Alabado sea Dios, pues eres firme y constante en las pruebas, y te aferras al Reino de Abhá. Ninguna aflicción te afecta ni te perturba calamidad alguna. Hasta que el hombre no es probado, el oro puro no puede ser claramente separado de la escoria. El tormento es el fuego de la prueba en el cual el oro puro brilla resplandeciente y la impureza se quema y ennegrece. En la actualidad, gracias a Dios, eres firme y constante en las pruebas y aflicciones y ellas no te hacen tambalear.
Tu esposa no está en armonía contigo, mas, gracias a Dios, la Bendita Belleza se complace contigo y te confiere la más grande munificencia. Aun así, continúa intentando ser paciente con tu esposa, para que tal vez ella se transforme y se ilumine su corazón. La contribución que has hecho para la enseñanza es sumamente aceptable y será eternamente mencionada en el Reino divino, pues es la causa de la difusión de las fragancias y de la exaltación de la Palabra de Dios.
Buscar en este libro
Escribe una palabra para buscar en este libro.