¡Oh tú, cuyos años son pocos, pero cuyas dotes mentales son muchas! ¡Cuántos niños, aunque de corta edad, son maduros y ya tienen juicio cabal! ¡Cuántas personas de edad son ignorantes y están confundidas! Pues el crecimiento y el desarrollo dependen de los poderes del intelecto y de la razón de uno, y no de su edad o de la extensión de sus días.
Aunque aún te hallas en la etapa de la niñez, has reconocido a tu Señor, en tanto que miríadas de mujeres son inconscientes de Él y están excluidas de Su Reino Celestial y privadas de Sus mercedes. Agradece a tu Señor esta maravillosa dádiva.
Ruego a Dios que devuelva la salud a tu madre, que es distinguida en el Reino del cielo.
Buscar en este libro
Escribe una palabra para buscar en este libro.