Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá
67
¡Oh dama del Reino! Se ha recibido tu carta enviada desde Nueva York. Su contenido ha infundido gozo y alegría, pues indica que con firmeza de propósito y pureza de intención has decidido viajar a París, para que en esa ciudad silente enciendas el fuego del amor de Dios y, en medio de esa oscuridad de la naturaleza, brilles como un cirio resplandeciente. Este viaje es sumamente loable y conveniente. Cuando llegues a París debes procurar, sin tener en cuenta cuán pequeño pueda ser el número de amigos, instituir la asamblea de la Alianza y vivificar las almas por medio del poder de la Alianza.
París está sumamente decaída y en un estado de letargo, y hasta ahora no se ha encendido, aun cuando la nación francesa es muy activa y vivaz. Pero el mundo de la naturaleza ha desplegado enteramente su pabellón sobre París, suprimiendo los sentimientos religiosos. Mas este poder de la Alianza infundirá calor a toda alma yerta, conferirá luz a todo lo que es oscuro y asegurará, para el que está cautivo en manos de la naturaleza, la verdadera libertad del Reino.
Levántate en París ahora con el poder del Reino, con confirmación divina, con celo y ardor genuinos, y con una llama del amor de Dios. Ruge como un león y muestra entre esas pocas almas tal éxtasis y amor que lleguen continuamente el elogio y la glorificación desde el Reino divino y las poderosas confirmaciones desciendan sobre ti. Debes estar segura de que si actúas de la forma debida y enarbolas el estandarte de la Alianza, París estallará en llamas. Permanece constantemente cerca de Bahá’u’lláh y pide siempre Sus confirmaciones, pues ellas transforman la gota en un mar y convierten el mosquito en un águila.
Buscar en este libro
Escribe una palabra para buscar en este libro.