Al proporcionar tratamiento médico, oriéntate hacia la Bendita Belleza; luego sigue lo que te dicte tu corazón. Sana al enfermo por medio del regocijo celestial y la exultación espiritual, cura a quienes están penosamente afligidos, impartiéndoles buenas nuevas de bienaventuranza, y sana a los heridos mediante Sus resplandecientes dádivas. Cuando estés a la cabecera de un paciente, anima y alegra su corazón y arroba su espíritu mediante el poder celestial. De hecho, semejante hálito celestial vivifica todo hueso corruptible y hace revivir el espíritu de todos los enfermos y dolientes.
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