Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá
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¡Oh sinceros, oh anhelantes, oh vosotros que sois atraídos como si estuvieseis magnetizados, que os habéis dispuesto a servir a la Causa de Dios, a exaltar Su Palabra y a esparcir Sus agradables fragancias por doquier! Leí vuestra excelente carta, de bello estilo, de elocuentes palabras, de profundo significado, y alabé a Dios y Le agradecí por haber acudido en vuestra ayuda y por haberos permitido servirle en Su extensa viña.
Dentro de poco brillarán vuestros rostros con el esplendor de vuestras súplicas a Dios, vuestra adoración y vuestras oraciones a Él, y vuestra humildad y abnegación en la presencia de los amigos. Él hará de vuestra asamblea un imán que atraiga hacia vosotros los rayos brillantes de las confirmaciones divinas que resplandecen desde Su Reino de gloria.
Os incumbe sopesar Sus palabras en vuestro corazón, meditar sobre ellas, suplicarle humildemente y deponer el yo en Su Causa celestial. Éstas son las cosas que harán de vosotros signos de guía para toda la humanidad y estrellas resplandecientes que brillen en el horizonte más sublime y árboles majestuosos en el Paraíso de Abhá.
Sabed que ‘Abdu’l-Bahá vive en continuo alborozo. El haber sido alojado en esta remota prisión es para mí gran felicidad. ¡Por la vida de Bahá! Esta prisión es mi paraíso celestial; es mi ansiada meta, el consuelo de mi corazón, la dicha de mi alma; es mi refugio, mi abrigo, mi asilo, mi albergue seguro, y dentro de ella me regocijo en medio de las huestes del cielo y del Concurso de lo alto.
Regocijaos con mi cautiverio, oh amigos de Dios, pues siembra las semillas de la libertad; regocijaos por mi encarcelamiento, pues es el manantial de la salvación; alegraos por motivo de mis fatigas, pues conducen al descanso eterno. ¡Por Dios, nuestro Señor! No trocaría esta prisión por el trono del mundo entero, ni renunciaría a este encierro a cambio de placeres y pasatiempos de todos los bellos jardines de la tierra. Es mi esperanza que por la abundante gracia del Señor, Su munificencia y bondad, sea yo suspendido en alto en Su camino, para que mi corazón llegue a ser el blanco de un millar de balas, o sea yo arrojado a las profundidades del mar, o se me deje perecer en las arenas del desierto. Esto es lo que más anhelo; éste es mi supremo deseo; refresca mi alma, es un bálsamo para mi pecho, es el solaz mismo de mis ojos.
En cuanto a vosotros, oh amantes de Dios, afirmad vuestros pasos en Su Causa, con tal resolución que no os desconcertéis aunque la más horrenda de las calamidades arremeta contra el mundo. Que nada os perturbe en ningún caso. Estad anclados firmemente como las altas montañas, sed estrellas que amanecen en el horizonte de la vida, sed lámparas brillantes en las reuniones de la unidad, sed almas humildes y sumisas en la presencia de los amigos, sed inocentes de corazón. Sed símbolos de guía y luces de piedad, separados del mundo; aferraos al asidero fuerte y seguro que esparce por doquier el espíritu de vida y navegad en el Arca de salvación. Sed auroras de generosidad, puntos de amanecer de los misterios de la existencia, sitios donde desciende la inspiración, lugares donde surgen los esplendores, almas sostenidas por el Espíritu Santo prendadas del Señor, desprendidas de todo fuera de Él, santificadas por encima de las características de la humanidad, ataviadas con los atributos de los ángeles del cielo, para que obtengáis la mayor dádiva de todas, en esta nueva época, en esta maravillosa edad.
¡Por la vida de Bahá! Sólo aquel que esté separado del mundo alcanzará esta gracia final, aquel que esté cautivo del amor divino, vacío de pasión y egoísmo, en todos los aspectos fiel a su Dios, humilde, compungido, suplicante, lacrimoso, sumiso ante la presencia del Señor.
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