Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá

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¡Oh tú, que diriges la vista al Reino de Dios! Tu carta ha sido recibida y hemos observado que estás ocupado en enseñar a los hijos de los creyentes, que estos tiernos pequeños han estado aprendiendo Las Palabras Ocultas y las oraciones, y lo que significa ser un bahá’í.

La instrucción de estos niños es como la labor de un esmerado jardinero que cuida de sus plantitas en los florecientes jardines del Todoglorioso. No cabe duda de que ello dará los resultados deseados; en especial esto es cierto respecto a las obligaciones bahá’ís y la conducta bahá’í, ya que a los niños pequeños necesariamente debe hacérseles conscientes en sus propios corazones y en sus almas de que “bahá’í” no es sólo un nombre, sino una verdad. Todo niño debe ser educado en las cosas del espíritu, para que encarne todas las virtudes y llegue a ser una fuente de gloria para la Causa de Dios. De otro modo, la mera palabra “bahá’í”, si no rinde fruto, se reducirá a nada.

Esfuérzate, entonces, al máximo de tu capacidad por que estos niños sepan que un bahá’í es alguien que encarna todas las perfecciones, que debe brillar como un cirio encendido, y no ser oscuridad sobre oscuridad, aunque lleve el nombre “bahá’í”.

Designa a esta escuela la Escuela Dominical Bahá’í.