Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá
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¡Oh Amigos del Dios Puro y Omnipotente! Ser puro y santo en todas las cosas es atributo del alma consagrada y característica esencial de la mente libre. La mejor de las perfecciones es ser inmaculado y librarse a sí mismo de todo defecto. Una vez que el individuo, en todos los aspectos, esté limpio y purificado, entonces llegará a ser un punto focal que refleje la Luz Manifiesta.
Lo primero en el modo de vida de un ser humano debe ser la pureza, luego la frescura, la limpieza y la independencia de espíritu. Primero debe limpiarse el cauce, luego las dulces aguas del río pueden ser introducidas en él. Los ojos castos gozan de la beatífica visión del Señor y saben lo que este encuentro significa; un sentido puro aspira las fragancias que provienen de las rosaledas de Su gracia; un corazón bruñido refleja el donoso rostro de la verdad.
Por ello, en las Sagradas Escrituras, los consejos del cielo son comparados con el agua, tal como dice el Corán: “ [...] y enviamos desde el cielo agua purísima”, y el Evangelio: “ [...] salvo que uno sea bautizado con el agua y el espíritu, no entrará en el Reino de Dios”. Luego resulta claro que las Enseñanzas que provienen de Dios son efusiones celestiales de gracia; son copiosas lluvias de misericordia divina y limpian el corazón humano.
Con ello quiero decir que en todo aspecto de la vida la pureza y la santidad, la limpieza y el refinamiento exaltan la condición humana y promueven el desarrollo de la realidad interior del hombre. Incluso en el dominio físico, la limpieza conduce a la espiritualidad, como lo señalan claramente las Sagradas Escrituras. Y aunque la limpieza corporal es algo físico, empero, ejerce una poderosa influencia en la vida del espíritu. Es como una voz maravillosamente dulce o una melodía que se interpreta: aunque los sonidos son sólo vibraciones del aire que afectan el nervio auditivo del oído, y estas vibraciones no son más que fenómenos accidentales transmitidos por el aire, con todo, ved cómo conmueven el corazón. Una melodía maravillosa da alas al espíritu y hace que el alma se estremezca de alegría. Es decir, la limpieza física también produce efecto en el alma humana.
Observa cuán grata es la limpieza a la vista de Dios y cómo se hace particular hincapié en ella en los Libros Sagrados de los Profetas; pues las Escrituras prohíben la ingestión o el empleo de toda cosa inmunda. Algunas de estas prohibiciones eran absolutas y obligatorias para todos, y quien transgredía la ley dada era aborrecido por Dios y anatematizado por los creyentes. Había, por ejemplo, cosas categóricamente prohibidas, cuya perpetración era considerada un gravísimo pecado, entre ellas acciones tan odiosas que hasta es vergonzoso mencionar su nombre.
Pero hay otras cosas prohibidas que no causan un daño inmediato, y cuyos efectos perjudiciales sólo se producen gradualmente; tales actos también son repugnantes al Señor, censurables a Su vista y repulsivos. Sin embargo, no se ha declarado expresamente en el Texto su absoluta ilicitud, pero es necesario evitarlos para la pureza, la limpieza, la preservación de la salud y para estar libres de adicciones.
Entre estas últimas está el fumar tabaco, lo cual es sucio, hediondo, desagradable: un mal hábito, cuyo carácter dañino se vuelve gradualmente evidente para todos. Todo médico competente ha dictaminado, y ello también ha sido probado por ensayos, que uno de los componentes del tabaco es un veneno mortal, y que el fumador es vulnerable a muchas y diversas enfermedades. Por ello, el fumar ha sido declarado claramente repugnante desde el punto de vista de la higiene.
El Báb, al comienzo de Su misión, explícitamente prohibió el tabaco, y la totalidad de los amigos abandonaron esa costumbre. Pero, como aquellos eran tiempos en que estaba permitida la disimulación y toda persona que se abstenía de fumar se exponía al hostigamiento, la injuria e incluso la muerte, los amigos fumaban para no revelar públicamente sus creencias. Posteriormente fue revelado el Libro del Aqdas, y como allí no se prohibía expresamente fumar tabaco, los amigos no lo dejaron. Sin embargo, la Bendita Belleza siempre expresó repugnancia por él, y aun cuando en los primeros días, por algunas razones Él fumó algo de tabaco, con el tiempo lo abandonó completamente, y aquellas almas santificadas que en todo Le seguían también dejaron de fumar.
Con ello quiero dar a entender que a la vista de Dios el fumar tabaco es reprobable, aborrecible y sucio en extremo; y, si bien gradualmente es sumamente dañino para la salud, es además un despilfarro de dinero y de tiempo, y vuelve al fumador presa de una adicción nociva. Para aquellos que permanecen firmes en la Alianza, este hábito es, en consecuencia, censurado tanto por la razón como por la experiencia, y renunciar a él trae alivio y tranquilidad de conciencia a todos los hombres. Además, ello hace posible tener la boca fresca, los dedos limpios y el cabello libre de olor fétido y repulsivo. Después de recibir esta misiva, los amigos, por todos los medios, y aunque sea gradualmente, sin duda abandonarán este hábito pernicioso. Tal es mi esperanza.
En cuanto al opio, es repugnante y detestable. Dios nos proteja del castigo que inflige a quien lo utiliza. De acuerdo con el texto explícito del Libro Más Sagrado, está prohibido y su consumo es absolutamente condenado. La razón demuestra que fumar opio es un tipo de demencia, y la experiencia atestigua que quien lo consume se aísla completamente del reino humano. Que Dios proteja a todos de la perpetración de un acto tan asqueroso como éste, el cual reduce a ruina el fundamento mismo de lo que es el ser humano y hace que el consumidor sea desahuciado por siempre jamás. Pues el opio se fija en el alma, de modo que la conciencia del consumidor muere, su mente se aniquila y sus percepciones se corroen. Convierte lo vivo en muerto. Apaga el calor natural. No se puede concebir daño mayor que el causado por el opio. Afortunados son aquellos que nunca lo mencionan siquiera; pensad, entonces, cuán miserable es el que lo consume.
¡Oh amados de Dios! En este ciclo de Dios Todopoderoso son condenadas en su totalidad la violencia y la fuerza, la compulsión y la opresión. Sin embargo, es forzoso que el consumo del opio sea impedido por todos los medios, para que tal vez la raza humana sea liberada de esta muy poderosa plaga. De otro modo, el dolor y la miseria sean para quien falte a su deber para con su Señor.
¡Oh Divina Providencia! Concede al pueblo de Bahá pureza y limpieza en todas las cosas. Otorga que sean librados de toda contaminación y sean salvados de toda adicción. Guárdalos de cometer acto repugnante alguno, desátalos de las cadenas de todo mal hábito, para que vivan puros y libres, sanos y limpios, dignos de servir en tu Sagrado Umbral y de entroncar con su Señor. Líbralos de las bebidas alcohólicas y del tabaco; sálvalos, rescátalos del opio que acarrea demencia, permíteles disfrutar de los fragantes aromas de la santidad, para que beban abundantemente del místico cáliz del amor celestial y conozcan el arrobamiento de ser acercados cada vez más al Dominio del Todoglorioso. Pues es como Tú has dicho: “Todo lo que tú tienes en tu bodega no apagará la sed de mi amor; ¡tráeme, oh copero, una copa llena como el mar con el vino del espíritu!”
¡Oh amados de Dios! La experiencia ha demostrado hasta qué punto el renunciar a fumar, a las bebidas embriagantes y al opio conduce a la salud y al vigor, a la expansión y agudeza de la mente y a la fortaleza corporal. Existe hoy en día un pueblo que evita estrictamente el tabaco, los licores embriagantes y el opio. Este pueblo es decididamente superior a los demás en fortaleza y valentía física, en salud, belleza y donaire. Uno solo de sus hombres puede hacer frente a diez hombres de otra tribu. Esto ha resultado ser cierto para todo el pueblo: es decir, miembro por miembro, cada individuo de esta comunidad es, en todos los aspectos, superior a los individuos de otras comunidades.
Haced, entonces, un ingente esfuerzo para que la pureza y la santidad, las cuales son queridas por ‘Abdu’l-Bahá por encima de todo lo demás, distingan al pueblo de Bahá; que en todo tipo de excelencia el pueblo de Dios supere a todos los demás seres humanos; que tanto exterior como interiormente sean superiores; que por su pureza, pulcritud, refinamiento y preservación de la salud sean guías a la vanguardia de aquellos que saben. Y que por su inmunidad contra la esclavitud, su sabiduría y dominio de sí mismos sean los primeros entre los puros, los libres y los sabios.
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