Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá

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¡Oh vosotras dos, pacientes almas! Se ha recibido vuestra carta. El fallecimiento de ese amado joven y su separación de vosotras ha causado extremo dolor y pena; pues en la flor de la edad y en la lozanía de su juventud emprendió el vuelo hacia el nido celestial. Mas él ha sido liberado de este albergue lleno de pesar y ha vuelto el rostro hacia el sempiterno nido del Reino y, librado de un mundo estrecho y oscuro, se ha dirigido presuroso hacia el santificado dominio de la luz; en ello yace el consuelo de nuestros corazones.

La inescrutable sabiduría divina es la razón fundamental de tan desgarradores sucesos. Es como si un bondadoso jardinero transplantara un joven y tierno arbusto desde un lugar limitado a una amplia área abierta. Este traslado no es causa del marchitamiento, la decadencia o destrucción de ese arbusto; más bien, por el contrario, lo hace crecer y prosperar, adquirir frescura y delicadeza, volverse verde y producir frutos. Este secreto oculto lo conoce bien el jardinero, pero aquellas almas que no son conscientes de esta misericordia suponen que el jardinero, en su cólera o su ira, ha desarraigado el arbusto. Mas para aquéllas que son conscientes, este hecho encubierto se halla manifiesto y este decreto predestinado es considerado una merced. Por consiguiente, no os sintáis tristes o desconsolados por la ascensión de aquella ave de la fidelidad; es más, en todas las circunstancias orad por ese joven, suplicando el perdón para él y la elevación de su posición.

Espero que alcancéis la mayor paciencia, serenidad y resignación, y suplico e imploro ante el Umbral de la Unicidad, pidiendo la remisión y el perdón. Espero de las infinitas mercedes de Dios que Él otorgue amparo a esta paloma del jardín de la fe y le haga habitar en la rama del Concurso Supremo, para que cante con la más hermosa de las melodías la alabanza y la glorificación del Señor de los Nombres y Atributos.