¡Oh siervo del único Dios verdadero! Alabado sea el Señor porque los amados de Dios se encuentran en todos los países y están, en su totalidad, a la sombra del Árbol de la Vida y bajo la protección de Su providencia. Su cuidado y bondad se agitan como las eternas olas del mar, y Sus bendiciones son continuamente derramadas desde Su Reino sempiterno.
Debe ser nuestra súplica que Sus bendiciones se confieran aún en mayor abundancia, y nos corresponde aferrarnos a aquellos medios que aseguren una efusión más plena de Su gracia y un aumento de Su ayuda divina.
Uno de los más grandes de estos medios es el espíritu de verdadera camaradería y amorosa comunión entre los amigos. Recuerda el dicho: “De todos los peregrinajes, el más grande es aliviar el corazón agobiado de dolor”.
Buscar en este libro
Escribe una palabra para buscar en este libro.