¡Oh siervas de la Belleza de Abhá! Ha llegado vuestra carta y su lectura ha traído un gran regocijo. Loado sea Dios, pues las creyentes han organizado reuniones donde aprenderán a enseñar la Fe, esparcirán los fragantes aromas de las Enseñanzas y harán planes para el adiestramiento de los niños.
Esa reunión debe ser completamente espiritual. Es decir, las discusiones deben limitarse a presentar pruebas claras y concluyentes de que realmente ha surgido el Sol de la Verdad. Y, además, los presentes deben ocuparse con todos los medios a su alcance en la educación de las niñas; en la enseñanza de las diversas ramas del conocimiento, la buena conducta, un modo de vida correcto, el cultivo de un buen carácter, la castidad y la constancia, la perseverancia, la fortaleza, la determinación, la firmeza de propósito; el manejo del hogar, la educación de los niños y todo aquello que sea especialmente aplicable a las necesidades de las niñas, con el objeto de que estas niñas, educadas en la fortaleza de todas las perfecciones y con la protección de un buen carácter, cuando a su vez lleguen a ser madres, críen a sus hijos para que desde la más tierna infancia tengan un buen carácter y se comporten bien.
Que estudien también todo cuanto fomente la salud del cuerpo y su buen estado físico, y cómo proteger a sus hijos de la enfermedad.
Cuando los asuntos estén así bien dispuestos, cada niño llegará a ser como una planta sin igual en los jardines del Paraíso de Abhá.
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