Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá

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¡Oh vosotras dos siervas predilectas del Señor! Ha sido recibida la carta de la señora Beecher y, verdaderamente, habla por vosotras dos, por lo cual me dirijo a ambas en conjunto. Esto me parece muy bien, pues vosotras, dos seres puros, sois como una sola joya preciosa, sois dos ramas que han crecido de un mismo árbol; ambas adoráis al mismo Amado, ambas anheláis el mismo Sol resplandeciente.

Mi esperanza es que todas las siervas de Dios residentes en esa región se unan como las olas de un mar infinito; pues, aunque éstas son impelidas al arbitrio del viento, en sí mismas están separadas; mas, ciertamente, todas ellas están en consonancia con la insondable profundidad.

Cuán bueno es que los amigos estén cercanos unos a otros como haces de luz, que se mantengan juntos uno al lado del otro, en una fila sólida y continua. Pues ahora los rayos de la realidad, provenientes del Sol del mundo de la existencia, han unido en fervor a todos los adoradores de esta luz; y estos rayos, mediante la gracia infinita, han reunido a todos los pueblos en este amplio resguardo; por consiguiente, todas las almas deben llegar a ser como una sola alma, y todos los corazones, como un solo corazón. Que todos se libren de las múltiples identidades que nacen de la pasión y el deseo, y hallen un nuevo modo de vida en la unidad de su amor a Dios.

¡Oh vosotras dos siervas de Dios! Ahora es el momento de que lleguéis a ser como munificentes copas plenas hasta desbordar y, al igual que las vivificantes ráfagas que provienen del Paraíso de Abhá, difundáis la fragancia almizclada por todo ese país. Libraos de la vida de este mundo y, en toda ocasión, anhelad la inexistencia; pues cuando el rayo regresa al sol es aniquilado, y la gota desaparece cuando llega al mar, y cuando encuentra a su Amado, el verdadero amante entrega su alma.

Hasta que un ser no ponga los pies en el plano del sacrificio estará privado de todo favor y gracia; y este plano del sacrificio es el dominio de la muerte del yo, para que entonces fulgure el resplandor del Dios viviente. El campo del mártir es el lugar del desprendimiento del yo, para que asciendan los himnos de eternidad. Haced cuanto podáis para llegar a estar completamente hastiadas del yo y vinculadas a aquel Semblante de Esplendores; y en cuanto hayáis alcanzado tales alturas de servidumbre, encontraréis reunidas a vuestra sombra todas las cosas creadas. Ésta es la gracia ilimitada, ésta es la más elevada soberanía, ésta es la vida que no muere. Al final, todo lo demás no es sino perdición manifiesta y gran pérdida.

Loado sea Dios porque está abierta de par en par la puerta de la gracia ilimitada, la mesa celestial está servida y están presentes en el banquete los siervos del Misericordioso y Sus siervas. Esforzaos por recibir vuestra parte de este alimento eterno, para que seáis amados y apreciados en este mundo y en el venidero.