Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá

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En cuanto a la diferencia que hay entre esa civilización material ahora imperante y la civilización divina que será uno de los frutos producidos por la Casa de Justicia, es ésta: la civilización material, a fuerza de leyes punitivas y de represalia, refrena a la gente de cometer actos criminales; y, a pesar de ello, mientras proliferan continuamente las leyes para imponer represalias a las personas y castigarlas, como veis no existen leyes que las premien. En todas las ciudades de Europa y América se han erigido grandes edificios que sirven como cárceles para los criminales.

Sin embargo, la civilización divina educa de tal manera a todo miembro de la sociedad que, a excepción de muy pocos, nadie intentará cometer un crimen. Así, existe una gran diferencia entre impedir los crímenes con medidas violentas y de represalia y educar a la gente, ilustrarla y espiritualizarla a fin de que, sin ningún temor al castigo o a la venganza por venir, eviten todo acto criminal. En verdad, considerarán la perpetración misma del crimen como una gran desgracia, y éste en sí, como el más severo de los castigos. Se enamorarán de las perfecciones humanas, consagrarán la vida a todo lo que traiga luz al mundo y promoverán aquellas cualidades que son aceptables al Santo Umbral de Dios.

Fíjate, entonces, cuán amplia es la diferencia entre la civilización material y la divina. Por la fuerza y con castigos la civilización material pretende refrenar a la gente de hacer el mal, de infligir daño a la sociedad y de cometer crímenes. Pero en una civilización divina, el individuo está condicionado de tal forma que sin temor al castigo evita la perpetración de crímenes, ve el crimen mismo como el más severo de los tormentos, y con presteza y alegría se dispone a adquirir las virtudes de la humanidad, a promover el progreso humano y a esparcir luz por todo el mundo.