Debéis considerar la cuestión del buen carácter como de primerísima importancia. Incumbe a todo padre y a toda madre aconsejar a sus hijos durante un largo período y guiarlos hacia aquellas cosas que conducen al honor sempiterno.
Alentad a los escolares, desde sus primeros años, a dar discursos de gran calidad, para que en su tiempo libre se ocupen en dar conferencias convincentes e impresionantes, expresándose con claridad y elocuencia.
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