Es en tales momentos que los amigos de Dios se valen de la ocasión, aprovechan la oportunidad, avanzan presurosos y ganan el premio. Si su tarea se limitara a la observación de buena conducta y a dar consejos, nada se lograría. Deben hablar con valentía, exponer las pruebas, presentar argumentos claros, sacar conclusiones irrefutables que establezcan la verdad de la manifestación del Sol de la Realidad.
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