Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá

233

¡Oh fieles amigos, oh sinceros siervos de Bahá’u’lláh! Ahora, a medianoche, cuando los ojos están cerrados y duermen, y todos han colocado la cabeza en el lecho de la tranquilidad y del sueño profundo, ‘Abdu’l-Bahá está en vela dentro de los recintos del Sagrado Santuario y, en el ardor de su invocación, pronuncia su oración:

¡Oh Tú, bondadosa y amorosa Providencia! El Oriente está en movimiento y el Occidente se agita como las eternas olas del mar. Soplan las suaves brisas de la santidad y, desde el Reino Invisible, brillan resplandecientes los rayos del Astro de la Verdad. Se entonan los himnos de la unidad divina y ondean las enseñas del poder celestial. Se hace oír la Voz angelical que, como bramido del leviatán, lanza el llamamiento a la abnegación y a la evanescencia. La voz triunfal de Yá Bahá’u’l-Abhá resuena por doquier y en todas las regiones se oye el llamado de Yá Alíyyu’l-A‘lá. No hay revuelo en el mundo salvo el de la Gloria del Único Conquistador de Corazones, ni agitación salvo el del oleaje del amor de Aquel que es el Incomparable, el Bienamado.

Los amados del Señor, con alientos almizclados, arden como cirios luminosos en todos los países, y los amigos del Todomisericordioso se encuentran en todas las regiones, como flores que se abren. No descansan ni un momento; no respiran sin exhalar Tu recuerdo y no ansían más que servir a Tu Causa. En las praderas de la verdad son como ruiseñores de dulce canto, y en el jardín de la guía, como flores de vivos colores. Con místicas flores adornan los paseos del Jardín de la Realidad; como ondulantes cipreses, flanquean las riberas de la Voluntad divina. En el horizonte de la existencia fulguran como estrellas brillantes; en el firmamento del mundo relucen como astros resplandecientes. Son manifestaciones de la gracia celestial y auroras de la luz de ayuda divina.

¡Oh amoroso Señor! Permite que todos se mantengan firmes y constantes, y brillen con resplandor sempiterno, para que, con cada aliento, se difundan suaves brisas desde las pérgolas de Tu amorosa bondad, de modo que del océano de Tu gracia se levante una neblina, las bondadosas lluvias de Tu amor concedan frescura, y el céfiro derrame su perfume desde la rosaleda de la unidad divina.

¡Oh Bienamado del Mundo! Envía un rayo de Tu Esplendor. ¡Oh Bienamado de la humanidad! Dirige hacia nosotros la luz de Tu Semblante.

¡Oh Dios Omnipotente! Escúdanos y sé nuestro refugio. ¡Oh Señor del Ser! Revela Tu fuerza y Tu dominio.

¡Oh amoroso Señor! Los promotores de sedición están agitados y activos en algunas regiones, y día y noche infligen un penoso daño.

Los tiranos están al acecho como lobos, y el rebaño, agraviado e inocente, no tiene ayuda ni socorro. La jauría sigue el rastro de las gacelas de los prados de la unidad divina, y los cuervos de la envidia persiguen al faisán de las montañas de la guía celestial.

¡Oh divina Providencia! Resguárdanos y protégenos. ¡Oh Tú que eres nuestro Escudo! Sálvanos y defiéndenos. Guárdanos bajo Tu Amparo y líbranos de todos los males con Tu ayuda. Tú eres, ciertamente, el Verdadero Protector, el Guardián Invisible, el Guarda Celestial y el Amoroso Señor del Cielo.

¡Oh amados del Señor! Por una parte está desplegado el estandarte del Único Dios Verdadero y se ha alzado la Voz del Reino. La Causa de Dios se extiende y están manifiestas en esplendor las maravillas provenientes de lo alto. Iluminado está el Oriente, y perfumado, el Occidente; fragante de ámbar gris está el Norte y el Sur huele a almizcle.

Por otro lado aumenta el odio y rencor de los infieles y éstos provocan incesantemente grave sedición y discordia. No pasa un día sin que alguien ice el estandarte de la rebelión y lleve su corcel al ruedo de la discordia. No pasa una hora sin que la repugnante víbora muestre sus colmillos y esparza su mortal ponzoña.

Los amados del Señor están envueltos en la mayor sinceridad y devoción, sin tener en cuenta este rencor y malevolencia. Lisonjeras e insidiosas son estas serpientes, estos susurradores de maldad, arteros en su maña y astucia. ¡Estad en guardia y siempre vigilantes! Sagaces y perspicaces son los fieles, y firmes y constantes son los convencidos. ¡Actuad con toda prudencia!

“¡Temed la sagacidad del fiel, pues él ve con la luz divina!”

Cuidado, no sea que algún alma furtivamente cause ruptura o promueva la discordia. En la Fortaleza Inexpugnable sed valientes guerreros, y para la Gran Mansión, una hueste valerosa. Tened sumo cuidado y día y noche estad alertas, para que de esa manera no cause ningún daño el tirano.

Estudiad la Tabla del Santo Marinero para que conozcáis la verdad, y reparéis en que la Bendita Belleza ha predicho plenamente acontecimientos ¡Ciertamente, en esto hay una dádiva para los sinceros!

Cual polvo del Sagrado Umbral, con la mayor humildad y sumisión, ‘Abdu’l-Bahá está ocupado en la promulgación de Sus signos durante el día y la noche. Siempre que encuentra tiempo, ora fervorosamente y con lágrimas Le implora diciendo:

¡Oh divina Providencia! Dignos de lástima somos, concédenos Tu socorro; vagabundos sin hogar, danos Tu amparo; estamos dispersos, únenos; extraviados, reúnenos en Tu rebaño; desposeídos, confiérenos una porción; sedientos, condúcenos al manantial de la Vida; débiles, fortalécenos para que nos dispongamos a ayudar a Tu Causa y nos ofrezcamos como un sacrificio viviente en el camino de guía.

Sin embargo, los infieles, de día y de noche, abierta y furtivamente, hacen todo lo posible por debilitar los cimientos de la Causa, por arrancar de raíz el Árbol Bendito, impedir a este siervo servir, encender secretamente la sedición y la contienda, y aniquilar a ‘Abdu’l-Bahá. Exteriormente se presentan como ovejas, mas interiormente no son sino lobos voraces; vienen con dulces palabras, mas en el fondo son un veneno mortal.

¡Oh amados, proteged la Causa de Dios! Que no os engañe la dulzura de ninguna lengua; es más, considerad el motivo de toda alma y meditad sobre el pensamiento que abriga. Poneos en seguida vigilantes y en guardia. ¡Evitadla, mas no seáis agresivos! Absteneos de censurar y de difamar, y dejadla en la Mano de Dios. Con vosotros sea la Gloria de las Glorias.