¡Oh tú que eres puro de corazón, de espíritu santificado, de carácter incomparable, de rostro hermoso! Se ha recibido tu fotografía, la cual revela tu forma física en la mayor gracia y en el mejor aspecto. Eres de semblante oscuro y de carácter luminoso. Eres como la pupila del ojo, la cual es de color oscuro, mas es la fuente de luz y la reveladora del mundo contingente.
No te he olvidado ni te olvidaré. Ruego a Dios que magnánimamente te haga el signo de Su munificencia entre la humanidad, ilumine tu rostro con la luz de aquellas bendiciones que son conferidas por el Señor misericordioso y te escoja para su amor en esta edad que es distinguida entre todas las edades y centurias del pasado.
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