Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá

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¡Oh amados de Dios! ¡Oh hijos de Su Reino! En verdad, en verdad han llegado el nuevo cielo y la nueva tierra. La Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, ha descendido de lo alto en la forma de una doncella del cielo, velada, hermosa y única, y preparada para la reunión con sus amadores en la tierra. La angelical compañía del Concurso Celestial ha hecho en conjunto una llamada que se ha extendido por todo el universo, proclamando a todos con voz fuerte y poderosa: “Ésta es la Ciudad de Dios y Su morada, en la cual habitarán los puros y santos de entre Sus siervos. Él vivirá con ellos, porque ellos son Su pueblo y Él es su Señor”.

Él ha enjugado sus lágrimas, ha encendido su luz, ha alegrado sus corazones y ha extasiado sus almas. Nunca más los sorprenderá la muerte, ni los afligirá el dolor, ni el llanto, ni la tribulación. El Señor Dios Omnipotente ha sido entronizado en Su Reino y ha dado nueva vida a todas las cosas. Ésta es la verdad y ¿qué verdad puede ser más grande que aquella anunciada por el Apocalipsis de San Juan el Teólogo?

Él es el Alfa y el Omega. Él es Quien dará al sediento de beber de las fuentes del agua de la vida y conferirá al enfermo el remedio de la verdadera salvación. Aquel a quien esa gracia ayuda es en verdad quien recibe la más gloriosa herencia de los Profetas de Dios y Sus santos. El Señor será su Dios y él, Su amadísimo hijo.

Regocijaos, entonces, oh amados del Señor y escogidos de Él, e hijos de Dios y pueblo Suyo, alzad la voz para loar y magnificar al Señor, el Altísimo; pues ha brillado Su luz, han aparecido Sus signos y las olas de Su ondulante océano han diseminado por todas las playas un sinnúmero de perlas preciosas.