Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá

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¡Oh amados por ‘Abdu’l-Bahá! He leído vuestros informes con gran alegría; son de naturaleza tal que animan y refrescan el corazón y regocijan el alma. Si por los santos hálitos del Todomisericordioso y Sus divinas confirmaciones, esa Asamblea perdura y se mantiene firme e inconmovible, producirá notables resultados y tendrá éxito en empresas de gran importancia.

Las Asambleas Espirituales que han de establecerse en esta Era de Dios, en esta santa centuria, no han tenido, indiscutiblemente, ni par ni semejante en los ciclos del pasado. Pues aquellas corporaciones que ejercían el poder se basaban en el apoyo de grandes caudillos de los hombres, en tanto que estas Asambleas se basan en la sustentación de la Belleza de Abhá. Los defensores y patronos de aquellas otras corporaciones eran un príncipe, un rey o un sumo sacerdote, o bien la masa del pueblo. Pero estas Asambleas Espirituales tienen por defensor, por sustentador, por auxiliador, por inspirador, al omnipotente Señor.

No tengáis en cuenta el presente, fijad la mirada en los tiempos por venir. Al comienzo, cuán pequeña es la semilla y, sin embargo, al final es un árbol enorme. No dirijáis la mirada a la semilla, dirigidla al árbol, a sus flores, a sus hojas y a sus frutos. Considerad los días de Cristo, cuando nadie Le siguió salvo un pequeño grupo; luego observad qué enorme árbol llegó a ser esa semilla, ved sus frutos. Y ahora han de ocurrir cosas aún más grandes que ésas, pues éste es el llamamiento del Señor de las Huestes, ésta es la llamada de trompeta del Señor viviente, éste es el himno de la paz mundial, éste es el estandarte de la rectitud, confianza y entendimiento enarbolado entre la diversidad de los pueblos del planeta, éste es el esplendor del Sol de la Verdad, ésta es la santidad del espíritu de Dios mismo. Ésta, la más poderosa de las dispensaciones, envolverá toda la tierra, y bajo su emblema todos los pueblos se reunirán y encontrarán un abrigo común. Conoced, entonces, la importancia vital de esta minúscula semilla que ha sembrado el verdadero Labrador con las manos de Su misericordia en los arados campos del Señor, regándola con la lluvia de las dádivas y mercedes, y que ahora cultiva al calor y a la luz del Sol de la Verdad.

Por tanto, oh amados de Dios, dadle gracias, porque Él os ha hecho el objeto de tales mercedes y los depositarios de tales dones. Bienaventurados sois; albricias para vosotros por esta abundante gracia.