Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá

68

¡Oh vosotros que sois firmes en la Alianza y el Testamento! Ha sido recibida vuestra carta y vuestros benditos nombres han sido leídos uno por uno. La carta contenía divinas inspiraciones y manifiestas mercedes, por cuanto señalaba la unión de los amigos y la armonía de todos los corazones.

Hoy día, el más importante favor de Dios se concentra en torno a la unión y la armonía entre los amigos, a fin de que esta unidad y concordia sean la causa de la promulgación de la unicidad del mundo de la humanidad, que emancipen al mundo de esta intensa oscuridad de enemistad y rencor, y que el Sol de la Verdad brille con pleno y perfecto esplendor.

Hoy día, todos los pueblos del mundo están entregados a su propio provecho y dedican el máximo de su esfuerzo y empeño a la promoción de sus intereses materiales. Se adoran a sí mismos y no a la realidad divina ni al mundo de la humanidad. Buscan diligentemente su propio beneficio y no el bienestar común. Esto se debe a que son cautivos del mundo de la naturaleza e inconscientes de las enseñanzas divinas, de la munificencia del Reino y del Sol de la Verdad. Mas vosotros, en el presente, gracias a Dios, habéis sido especialmente favorecidos con esta merced, habéis llegado a ser de los escogidos, habéis sido informados de los preceptos celestiales, habéis sido admitidos en el Reino de Dios, os habéis tornado en depositarios de ilimitadas bendiciones y habéis sido bautizados con el Agua de la Vida, con el fuego del amor de Dios y con el Espíritu Santo.

Esforzaos, por tanto, de alma y corazón para que lleguéis a ser cirios encendidos en la asamblea del mundo, astros rutilantes en el horizonte de la verdad, y os volváis la causa de la propagación de la luz del Reino, a fin de que el mundo de la humanidad se convierta en un reino divino, el mundo inferior llegue a ser el mundo de lo alto, el amor de Dios y la misericordia del Señor levanten su pabellón sobre la cima del mundo, las almas humanas se transformen en olas del océano de la verdad, el mundo de la humanidad crezca hasta convertirse en un solo árbol bendito, sean entonados los versículos de unicidad y las melodías de santidad alcancen el Concurso Supremo.

Noche y día ruego y suplico al Reino de Dios y pido para vosotros infinita ayuda y confirmación. No toméis en consideración vuestras propias aptitudes y capacidades; fijad en cambio la mirada en la consumada munificencia, la divina dádiva y el poder del Espíritu Santo, el poder que convierte la gota en mar y la estrella en sol.

Gracias a Dios, las huestes del Concurso Supremo nos garantizan la victoria, y el poder del Reino está presto a ayudar y a apoyar. Aunque a cada instante desatarais la lengua en acción de gracias y reconocimiento, no podríais cumplir con la obligación de expresar gratitud por estas dádivas.

Considerad: personajes eminentes, cuya fama se ha extendido por todo el mundo, dentro de poco se reducirán a la nada absoluta como consecuencia de hallarse privados de esta munificencia celestial; no dejarán nombre ni fama, y de ellos no quedará fruto ni huella. Mas, como sobre vosotros han amanecido las refulgencias del Sol de la Verdad y habéis logrado la vida sempiterna, brillaréis y resplandeceréis por siempre en el horizonte de la existencia.

Pedro era un pescador y María Magdalena una campesina, mas por haber sido especialmente favorecidos por las bendiciones de Jesucristo, se iluminó el horizonte de su fe, y hasta el día de hoy brillan en el firmamento de la gloria sempiterna. En esta posición no ha de considerarse el mérito ni la capacidad; por el contrario, deben tomarse en cuenta los resplandecientes rayos del Sol de la Verdad, los cuales han iluminado estos espejos.

Me habéis invitado a Norteamérica. Yo también anhelo contemplar esos rostros iluminados y conversar y tratar con esos verdaderos amigos. Pero la fuerza magnética que me atraerá a esas costas es la unión y la armonía de los amigos, su comportamiento y conducta en conformidad con las enseñanzas de Dios, y la firmeza de todos en la Alianza y en el Testamento.

¡Oh divina Providencia! Esta asamblea está compuesta por Tus amigos, que están atraídos por Tu belleza y encendidos con el fuego de Tu amor. Convierte a estas almas en ángeles celestiales, resucítalas mediante el hálito de Tu Espíritu Santo, concédeles lengua elocuente y corazón resuelto, confiéreles poder celestial y sentimientos piadosos, haz que lleguen a ser los difusores de la unicidad del género humano y causa de amor y concordia en el mundo de la humanidad, para que la peligrosa oscuridad del prejuicio ignorante se desvanezca con la luz del Sol de la Verdad, este lóbrego mundo se ilumine, este dominio material absorba los rayos del mundo del espíritu, estos colores diferentes se fundan en un solo color, y la melodía de la alabanza se eleve hacia el reino de Tu santidad.

¡Verdaderamente, Tú eres el Omnipotente y el Todopoderoso!