Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá

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¡Oh verdaderos compañeros! Toda la humanidad es como los niños de una escuela; y los Puntos de Amanecer de la Luz, las Fuentes de la revelación divina, son los maestros, maravillosos y sin igual. En la escuela de las realidades educan a estos hijos e hijas de acuerdo con las enseñanzas de Dios, y los crían en el regazo de la gracia, para que se desarrollen en todo sentido, exhiban los excelentes dones y bendiciones del Señor y reúnan las perfecciones humanas; para que progresen en todos los aspectos del empeño humano, ya sea exterior o interior, oculto o visible, material o espiritual, hasta que hagan de este mundo mortal un amplio espejo que refleje ese otro mundo que no perece.

¡Oh amigos de Dios! Dado que en esta época por demás trascendental, el Sol de la Verdad ha ascendido hasta el punto más alto del equinoccio de primavera y ha proyectado sus rayos sobre todas las regiones, desatará tan trémula excitación, desencadenará tales vibraciones en el mundo del ser, estimulará tal crecimiento y desarrollo, hará emanar tal gloria de luz, y las nubes de la gracia derramarán tan copiosas aguas, y los campos y las praderas rebosarán de tal galaxia de perfumadas plantas y flores, que esta humilde tierra llegará a ser el Reino de Abhá, y este mundo inferior, el mundo de lo alto. Entonces esta partícula de polvo será como el vasto círculo de los cielos; este lugar humano, la corte palaciega de Dios; esta mota de arcilla, la aurora de los interminables favores del Señor de los Señores.

Por consiguiente, oh amados de Dios, haced un gran esfuerzo hasta que vosotros mismos seáis indicio de este adelanto y de todas estas confirmaciones, y lleguéis a ser puntos focales de las bendiciones de Dios, auroras de la luz de Su unidad, promotores de los dones y las mercedes de la vida civilizada. Sed en ese país avanzadas de las perfecciones de la humanidad; llevad adelante las diferentes ramas del conocimiento, sed activos y progresistas en el campo de las invenciones y las artes. Empeñaos en rectificar la conducta de los hombres y tratad de sobrepasar a todo el mundo en carácter moral. Mientras los niños se hallen todavía en su infancia, alimentadlos en el pecho de la gracia celestial, criadlos en la cuna de toda excelencia, educadlos en el abrazo de la munificencia. Haced que obtengan provecho de toda clase de conocimiento útil. Dejadles participar en todo oficio o arte nuevo, extraordinario y maravilloso. Educadlos en el trabajo y el esfuerzo, y acostumbradlos a las privaciones. Enseñadles a dedicar la vida a cosas de gran importancia, e inspiradles a emprender estudios que han de beneficiar a la humanidad.