Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá
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¡Oh sierva encendida con el amor de Dios! He examinado tu excelente carta y he agradecido a Dios que hayas llegado sana y salva a esa gran ciudad. Ruego a Él que, por Su infalible ayuda, haga que este retorno tuyo tenga un enorme efecto. Algo así sólo puede producirse si te deshaces de todo apego a este mundo y te colocas la vestidura de la santidad; si limitas todos tus pensamientos y todas tus palabras al recuerdo de Dios y Su alabanza; a esparcir por doquier Sus perfumadas fragancias y llevar a cabo acciones virtuosas; y si te dedicas a despertar a los negligentes y a devolver la vista a los ciegos, el oído a los sordos, el habla a los mudos, y a otorgar vida a los muertos por el poder del espíritu.
Pues, tal como dijo Cristo acerca de ellos en el Evangelio, la gente está sorda, está ciega, está muda; y Él dijo: “Yo los sanaré”.
Sé afectuosa y compasiva con tu debilitada madre y háblale del Reino para que se alegre su corazón.
Haz llegar mis saludos a la Srta. Ford. Llévale las buenas nuevas de que éstos son los días del Reino de Dios. Dile: Bienaventurada eres por tus nobles propósitos, bienaventurada eres por tus buenas obras, bienaventurada eres por tu naturaleza espiritual. Ciertamente, te amo en virtud de tus propósitos, tus cualidades y tus obras. Dile además: Recuerda al Mesías y Sus días en la tierra, y Su humillación y Su tribulación, y cómo la gente no hacía caso de Él. Recuerda cómo los judíos Le ridiculizaban y se burlaban de Él, y se dirigían a Él con estas palabras: “¡La paz sea contigo, Rey de los Judíos! ¡La paz sea contigo, Rey de Reyes!” Cómo decían que estaba loco y se preguntaban de qué manera la causa de ese Crucificado podría extenderse alguna vez a los orientes del mundo y a sus occidentes. Nadie Le siguió entonces, salvo unas pocas almas: pescadores, carpinteros y otra gente simple. ¡Ay! ¡Ay, cómo se engañaron!
Y observa lo que sucedió luego: cómo sus poderosas banderas fueron arriadas y cómo, en su lugar, fue enarbolado Su exaltado estandarte; cómo se ocultaron todas las brillantes estrellas de aquel cielo de honor y orgullo, y cómo se hundieron en el poniente de todo lo que se desvanece, mientras que Su Astro brillante aún resplandece en los cielos de gloria imperecedera, a medida que transcurren los siglos y las edades. ¡Estad, entonces, prevenidos, vosotros que tenéis ojos para ver! Dentro de poco veréis cosas aún más grandes que esta.
Has de saber que todos los poderes unidos no tienen el poder de establecer la paz universal, ni de resistir el abrumador dominio, en todo tiempo y en toda época, de estas guerras interminables. Sin embargo, dentro de poco el poder del cielo, el dominio del Espíritu Santo, enarbolará en las altas cumbres las enseñas del amor y la paz; y sobre los castillos de la majestad y el poderío ondearán esas enseñas al impulso de los impetuosos vientos provenientes de la tierna misericordia de Dios.
Transmite mis saludos a la Sra. Florence y dile: Las diferentes congregaciones han abandonado el fundamento de su creencia y han adoptado doctrinas que a los ojos de Dios no tienen ningún valor. Son como los fariseos que oraban y ayunaban, y que luego condenaron a muerte a Jesucristo. ¡Por la vida de Dios! ¡Esto es algo sumamente extraño!
En cuanto a ti, oh sierva de Dios, recita apaciblemente esta plegaria a tu Señor y dile:
¡Oh Dios, mi Dios! Lléname la copa del desprendimiento de todas las cosas, y regocíjame con el vino del amor a Ti en la reunión de Tus esplendores y dádivas. Líbrame de los asaltos de la pasión y del deseo, desátame de los grilletes de este mundo inferior, atráeme con arrobamiento a Tu dominio celestial y vivifícame entre tus siervas con los hálitos de Tu santidad.
¡Oh Señor! Ilumina mi rostro con las luces de Tus dádivas, alumbra mis ojos con la contemplación de las señales de Tu poder, que todo lo subyuga, deleita mi corazón con la gloria de Tu conocimiento, que abarca todas las cosas, alegra mi alma con Tus vivificadoras nuevas de gran felicidad, oh Rey de este mundo y del Reino de lo alto, oh Señor de dominio y de poder, para que pueda difundir Tus signos y señales, y proclamar Tu Causa, y promover Tus Enseñanzas, y servir a Tu Ley y exaltar Tu Palabra.
Verdaderamente, Tú eres el Poderoso, el Eterno Dador, el Capaz, el Omnipotente.
Respecto de los fundamentos de la enseñanza de la Fe, has de saber que la entrega del Mensaje puede llevarse a cabo sólo por medio de buenas obras y atributos espirituales, una expresión clara como el cristal y la felicidad reflejada en el rostro de aquel que expone las Enseñanzas. Es esencial que las acciones del maestro den testimonio de la verdad de sus palabras. Tal es el estado de quien difunda las suaves fragancias de Dios y la cualidad de aquel que es sincero en su fe.
Una vez que el Señor te haya permitido alcanzar dicha condición, ten la seguridad de que Él te inspirará con verdades y te hará hablar por los hálitos del Espíritu Santo.
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