Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá

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¡Oh estimados pioneros entre los bienquerientes del mundo de la humanidad!

Las cartas que enviasteis durante la guerra no fueron recibidas, pero una carta fechada el 11 de febrero de 1916 acaba de llegar, e inmediatamente estoy escribiendo una respuesta. Vuestra intención merece un millar de alabanzas, pues estáis sirviendo al mundo de la humanidad, y ello conduce a la felicidad y al bienestar de todos. Esta reciente guerra ha demostrado al mundo y a las gentes que la guerra es destrucción, mientras que la paz universal es construcción; la guerra es muerte, mientras que la paz es vida; la guerra es rapacidad y sed de sangre, mientras que la paz es beneficencia y compasión; la guerra pertenece al mundo de la naturaleza, mientras que la paz es el fundamento de la religión de Dios; la guerra es oscuridad de oscuridades, mientras que la paz es luz celestial; la guerra es el destructor del edificio del género humano, mientras que la paz es la vida sempiterna del mundo de la humanidad; la guerra es como un lobo voraz, mientras que la paz es como los ángeles del cielo; la guerra es la lucha por la existencia, en tanto que la paz es ayuda mutua y cooperación entre los pueblos del mundo y es causa de la complacencia del Verdadero en el dominio celestial.

No hay una sola alma cuya conciencia no atestigüe que en este día no hay en el mundo asunto más importante que la paz universal. Todo hombre justo da testimonio de ello y glorifica a esa estimada Asamblea, porque su objetivo es que esta oscuridad sea transformada en luz; esta sed de sangre, en bondad; este tormento, en dicha; este sufrimiento, en alivio; y esta enemistad y odio, en camaradería y amor. Por tanto, el esfuerzo de esas estimadas almas es digno de alabanza y elogio.

Pero las almas sabias que son conscientes de las relaciones esenciales que emanan de las realidades de las cosas consideran que una sola cuestión, por sí sola, no puede influenciar la realidad humana como debiera, pues hasta que las mentes de los hombres no se unan, no podrá llevarse a cabo ninguna cuestión importante. En la actualidad, la paz universal es un tema de gran importancia, pero es esencial la unidad de conciencia, a fin de que los cimientos de este asunto sean estables; su establecimiento, firme, y su edificio, resistente.

Por eso Bahá’u’lláh, cincuenta años atrás, expuso la cuestión de la paz universal en una época en la que Él estaba encerrado en la fortaleza de ‘Akká, agraviado y prisionero. Él escribió acerca de este importante asunto de la paz universal a todos los grandes soberanos del mundo, y la estableció entre Sus amigos de Oriente. El horizonte del Este se hallaba en completa oscuridad, las naciones se trataban con el mayor odio y enemistad entre sí, cada una de las religiones estaba sedienta de la sangre de las demás y era oscuridad de oscuridades. En una época tal resplandeció Bahá’u’lláh como el sol en el horizonte de Oriente e iluminó Persia con la luz de estas enseñanzas.

Entre Sus enseñanzas estaba la declaración de la paz universal. Las gentes de diferentes naciones, religiones y sectas que Le siguieron se juntaron en tal medida que se instituyeron notables reuniones compuestas por las varias naciones y religiones de Oriente. Toda alma que acudía a esas reuniones no veía sino una sola nación, una sola enseñanza, un solo camino, un solo orden, pues las enseñanzas de Bahá’u’lláh no estaban limitadas al establecimiento de la paz universal. Abarcaban muchas enseñanzas que complementaban y sostenían aquella de la paz universal.

Entre esas enseñanzas estaba la investigación independiente de la realidad, a fin de que el mundo de la humanidad se salve de la oscuridad de la imitación y alcance la verdad; que desgarre y deseche esta raída indumentaria de hace un millar de años que se le ha quedado pequeña y se coloque el manto tejido con la mayor pureza y santidad en el telar de la realidad. Dado que la realidad es una sola y no admite multiplicidad, por consiguiente, las diferentes opiniones deben finalmente fusionarse y llegar a ser una sola.

Y entre las enseñanzas de Bahá’u’lláh está la unidad del mundo de la humanidad; que todos los seres humanos son las ovejas de Dios y Él es el bondadoso Pastor. Este Pastor es bondadoso con todas las ovejas, pues Él las creó a todas, las adiestró, les dio los medios necesarios y las protegió. No cabe duda de que el Pastor es bondadoso con todas las ovejas, y si entre estas ovejas las hubiere ignorantes, deben ser educadas; si hubiere niños, se les debe enseñar hasta que alcancen la madurez; si hubiere enfermos, deben ser curados. No tiene que haber odio ni enemistad, pues estos ignorantes, estos enfermos han de ser tratados como por un médico bondadoso.

Y entre las enseñanzas de Bahá’u’lláh está que la religión debe ser la causa de camaradería y amor. Si se transforma en causa de distanciamiento, entonces no es necesaria, pues la religión es como un remedio; si agrava la dolencia, se vuelve, entonces, innecesaria.

Y entre las enseñanzas de Bahá’u’lláh está que la religión debe estar en conformidad con la ciencia y la razón, a fin de que influya en los corazones de los hombres. Los cimientos deben ser sólidos y no consistir en imitaciones.

Y entre las enseñanzas de Bahá’u’lláh está que los prejuicios religiosos, raciales, políticos, económicos y patrióticos destruyen el edificio de la humanidad. Mientras prevalezcan estos prejuicios, el mundo de la humanidad no tendrá descanso. Durante un período de seis mil años, la historia nos informa acerca del mundo de la humanidad. Durante esos seis mil años, el mundo de la humanidad no ha estado libre de guerras, de luchas, de homicidios y sed de sangre. En toda época se ha hecho la guerra en un país o en otro y esa guerra se ha debido ya sea al prejuicio religioso, al prejuicio racial, al prejuicio político o al prejuicio patriótico. Por tanto, se ha establecido y probado que todos los prejuicios son destructivos para el edificio humano. Mientras persistan esos prejuicios, ha de permanecer dominante la lucha por la existencia y continuará la sed de venganza y rapacidad. Por consiguiente, lo mismo que en el pasado, el mundo de la humanidad no puede ser salvado de la oscuridad de la naturaleza ni alcanzar la iluminación si no es mediante el abandono de los prejuicios y la adquisición de la moralidad del Reino.

Si este prejuicio y esta enemistad son debidos a la religión, considerad que la religión debe ser causa de camaradería, de lo contrario es infructuosa. Y si este prejuicio es el prejuicio de la nacionalidad, considerad que todo el género humano es de una única nación: todos han brotado del árbol de Adán, y Adán es la raíz del árbol. Ese árbol es uno solo, y todas estas naciones son como las ramas, en tanto que los miembros de la humanidad son como hojas, flores y frutos del mismo. Así que el establecimiento de diversas naciones y el consecuente derramamiento de sangre y destrucción del edificio de la humanidad son el resultado de la ignorancia humana y de motivos egoístas.

En cuanto al prejuicio patriótico, éste también se debe a la absoluta ignorancia, pues la superficie de la tierra es un solo país natal. Todos pueden vivir en cualquier punto del globo terráqueo. Por tanto, el mundo entero es la tierra natal del hombre. Estas fronteras y sus pasos han sido ideados por el hombre. En la creación no han sido asignados tales límites y pasos fronterizos. Europa es un solo continente, Asia es un solo continente, África es un solo continente, Australia es un solo continente, pero algunas almas, por motivos personales e intereses egoístas, han dividido cada uno de estos continentes y han considerado cierta parte como su propio país. Dios no ha puesto ninguna frontera entre Francia y Alemania; hay continuidad entre esos países. En efecto, en las primeras centurias, algunas almas egoístas, para promover sus propios intereses, señalaron límites y pasos y, día a día, asignaron más importancia a los mismos, hasta que ello condujo a intensa enemistad, derramamiento de sangre y rapacidad en los siglos siguientes. De la misma manera, esto continuará indefinidamente, y si esta concepción del patriotismo permanece limitada dentro de un cierto círculo, será la causa principal de la destrucción del mundo. Ninguna persona sabia y justa reconoce estas distinciones imaginarias. Cada área limitada, a la cual llamamos nuestro país natal, la consideramos como nuestra patria, mientras que el globo terrestre es la patria de todos y no alguna área restringida. En resumen, vivimos en esta tierra durante unos pocos días y finalmente somos sepultados en ella, de modo que es nuestra tumba eterna. ¿Vale la pena que nos ocupemos en derramar sangre y hacernos pedazos unos a otros por esta tumba eterna? No, de ninguna manera, ni a Dios le complace tal conducta, ni hombre alguno en su sano juicio la aprobaría.

Considerad: los animales benditos no se ocupan en disputas patrióticas. Están en la mayor camaradería unos con otros y viven juntos en armonía. Por ejemplo, si una paloma del Este y una paloma del Oeste, una paloma del Norte y una del Sur llegan al mismo tiempo a un mismo lugar, inmediatamente se juntan armoniosamente. Así ocurre con todos los animales y las aves benditas. Pero los animales feroces, tan pronto como se encuentran, se atacan y luchan unos con otros, se despedazan mutuamente y les es imposible vivir de forma pacífica en un mismo sitio. Son todos huraños y fieros, salvajes y combativos luchadores.

Con respecto al prejuicio económico, es evidente que, cuando se fortalezcan los vínculos entre las naciones y se acelere el intercambio de mercancías y en un país se establezca algún principio económico, ello finalmente afectará a los demás países y se obtendrán beneficios universales. ¿Por qué, entonces, existe este prejuicio?

En cuanto al prejuicio político, debe seguirse la política de Dios, y es indiscutible que la política de Dios es mayor que la política humana. Debemos seguir la política divina, y ello vale por igual para todos los individuos. Él trata a todos los individuos del mismo modo: no se hace distinción, y ésa es la base de las Religiones Divinas.

Y entre las enseñanzas de Bahá’u’lláh está la creación de un idioma único que se difunda universalmente entre las gentes. Esta enseñanza ha sido revelada por la pluma de Bahá’u’lláh a fin de que ese idioma universal elimine los malentendidos entre la humanidad.

Y entre las enseñanzas de Bahá’u’lláh está la igualdad de mujeres y hombres. El mundo de la humanidad tiene dos alas: una es la mujer y la otra es el hombre. Hasta que ambas alas no se hayan desarrollado igualmente, el pájaro no podrá volar. Si un ala permanece débil, el vuelo es imposible. Hasta que el mundo de la mujer no llegue a ser igual al mundo del hombre en la adquisición de virtudes y perfecciones, no se alcanzarán el éxito y la prosperidad como debieran ser.

Y entre las enseñanzas de Bahá’u’lláh está la de compartir voluntariamente los propios bienes con otros miembros de la humanidad. Esta partición voluntaria es mayor que la igualdad y consiste en que el hombre no debiera preferirse a sí mismo antes que a los demás, sino que más bien debería sacrificar la vida y los bienes por los demás. Pero esto no debiera ser introducido por coerción, de modo que llegase a ser una ley y el hombre estuviese obligado a cumplirla. Es más, el hombre debería, voluntariamente y por propia elección, sacrificar sus bienes y su vida por los demás, y gastar de buena gana en favor de los pobres, tal como se hace en Persia entre los bahá’ís.

Y entre las enseñanzas de Bahá’u’lláh está la libertad del hombre, que mediante el Poder ideal debiera estar libre y emancipado del cautiverio del mundo de la naturaleza; pues mientras el hombre es cautivo de la naturaleza, es un animal feroz, ya que la lucha por la existencia es una de las exigencias del mundo de la naturaleza. El tema de la lucha por la existencia es el origen de todas las calamidades y es la aflicción suprema.

Y entre las enseñanzas de Bahá’u’lláh está que la religión es un gran baluarte. Si el edificio de la religión se estremece y tambalea, se sigue la conmoción y el caos y se trastorna absolutamente el orden de las cosas, pues en el mundo de la humanidad hay dos resguardos que protegen al hombre contra la perversidad. Uno es la ley que castiga al criminal; pero la ley impide sólo el crimen manifiesto y no el pecado encubierto; mientras que el resguardo ideal, a saber, la religión de Dios, impide tanto el crimen manifiesto como el encubierto, forma al hombre, enseña la conducta moral, obliga la adopción de virtudes y es el poder omnímodo que garantiza la felicidad del mundo de la humanidad. Pero con religión se quiere decir lo que se determina mediante la investigación y no aquello que se basa en la mera imitación, los fundamentos de las Religiones divinas y no las imitaciones humanas.

Y entre las enseñanzas de Bahá’u’lláh está que, aunque la civilización material es uno de los medios para el progreso del mundo de la humanidad, empero, mientras no llegue a combinarse con la Civilización divina, no se logrará el resultado deseado, el cual es la felicidad de la humanidad. Considerad: estos buques acorazados que reducen a ruinas una ciudad en el lapso de una hora son el resultado de la civilización material; asimismo, los cañones Krupp, los rifles Mauser, la dinamita, los submarinos, las lanchas torpederas, los aviones armados y los bombarderos: todas estas armas de guerra son los frutos malignos de la civilización material. Si la civilización material hubiera estado unida con la Civilización divina, estas armas de fuego nunca se habrían inventado. Es más, la energía humana habría sido enteramente dedicada a las invenciones útiles y se habría concentrado en descubrimientos loables. La civilización material es como el cristal de la lámpara. La Civilización divina es la lámpara misma y el cristal sin la luz es oscuro. La civilización material es como el cuerpo. Por muy agraciado, elegante y hermoso que pueda ser, está muerto. La Civilización divina es como el espíritu y el cuerpo recibe vida del espíritu, de lo contrario pasa a ser un cadáver. Así, se ha puesto en evidencia que el mundo de la humanidad tiene necesidad de los hálitos del Espíritu Santo. Sin el espíritu, el mundo de la humanidad carece de vida, y sin esta luz el mundo de la humanidad se halla en la oscuridad absoluta. Pues el mundo de la naturaleza es un mundo animal. Hasta que el hombre no renazca del mundo de la naturaleza, es decir, hasta que no se desprenda de él, es esencialmente un animal, y son las enseñanzas de Dios las que convierten a este animal en un alma humana.

Y entre las enseñanzas de Bahá’u’lláh está la promoción de la educación. Todo niño debe ser instruido en las ciencias cuanto sea necesario. Si los padres tienen posibilidad de cubrir los gastos de esta educación, está bien; de lo contrario, la comunidad debe disponer los medios para la enseñanza de ese niño.

Y entre las enseñanzas de Bahá’u’lláh están la justicia y el derecho. Mientras no se establezcan en el plano de la existencia, todas las cosas estarán en desorden y permanecerán imperfectas. El mundo de la humanidad es un mundo de opresión y crueldad, y un dominio de agresión y error.

En resumen, semejantes enseñanzas son numerosas. Estos múltiples principios, que constituyen la mayor base para la felicidad del género humano y se hallan entre las mercedes del Misericordioso, deben ser agregados al tema de la paz universal y combinados con éste, a fin de que se produzcan resultados. De otro modo, la realización de la paz universal, por sí sola, en el mundo de la humanidad, es muy difícil. Al estar combinadas las enseñanzas de Bahá’u’lláh con la paz universal, son como una mesa provista de toda clase de frescos y deliciosos manjares. En esa mesa de infinita munificencia toda alma puede encontrar cuanto desee. Si la cuestión se limita solamente a la paz universal, no se lograrán los extraordinarios resultados que se esperan y desean. El campo de acción de la paz universal debe ser tal que todas las comunidades y religiones hallen realizado en ella su más elevado deseo. Las enseñanzas de Bahá’u’lláh son tales que todas las comunidades del mundo, ya sean religiosas, políticas o éticas, antiguas o modernas, encuentran en ellas la expresión de su más elevado deseo.

Por ejemplo, las gentes de las religiones encuentran en las enseñanzas de Bahá’u’lláh el establecimiento de la Religión Universal, una religión que es perfectamente adecuada para las condiciones actuales, la cual en realidad produce la curación inmediata de la enfermedad incurable, la cual alivia todo dolor y confiere el antídoto infalible para todo veneno mortal. Pues si deseamos ordenar y organizar el mundo de la humanidad en conformidad con las actuales imitaciones religiosas, y por ese medio establecer la felicidad del mundo de la humanidad, eso es imposible e impracticable: por ejemplo, la puesta en vigor de las leyes de la Torá y también de las demás religiones, de acuerdo con las actuales imitaciones. Mas la base esencial de todas las Religiones Divinas, que pertenece a las virtudes del mundo de la humanidad y constituye el cimiento del bienestar del mundo del hombre, se encuentra en su más perfecta presentación en las enseñanzas de Bahá’u’lláh.

De modo semejante, respecto a los pueblos que claman por la libertad: la libertad moderada que garantiza el bienestar del mundo de la humanidad y que mantiene y preserva las relaciones universales se encuentra en su más pleno poder y extensión en las enseñanzas de Bahá’u’lláh.

Y así también con respecto a los partidos políticos: aquello que constituye la suprema política que dirige el mundo de la humanidad, es más, la Política divina, se encuentra en las enseñanzas de Bahá’u’lláh.

Asimismo, en lo que respecta al partido de la “igualdad”, el cual busca la solución del problema económico: hasta ahora todas las soluciones que se han formulado han probado ser impracticables, a excepción de las propuestas económicas de las enseñanzas de Bahá’u’lláh, las cuales son practicables y no causan la miseria de la sociedad.

Y así también sucede con los demás partidos: cuando examinéis profundamente este tema descubriréis que las más altas miras de esos partidos se encuentran en las enseñanzas de Bahá’u’lláh. Estas enseñanzas constituyen el poder exhaustivo en medio de todos los hombres y son practicables. Pero hay algunas enseñanzas del pasado, como aquellas de la Torá, que no pueden llevarse a la práctica en la actualidad. Lo mismo ocurre con las demás religiones y los dogmas de las diversas sectas y los diferentes partidos.

Por ejemplo, la cuestión de la paz universal, acerca de la cual dice Bahá’u’lláh que debe establecerse el Tribunal Supremo: a pesar de que se ha creado la Liga de las Naciones, es incapaz de establecer la paz universal. Pero el Tribunal Supremo que Bahá’u’lláh describió realizará esta tarea sagrada con el máximo de fuerza y poder. Y Su plan es éste: que las asambleas nacionales de cada país y nación, es decir, los parlamentos, deben elegir dos o tres personas que sean las más selectas de esa nación y estén bien informadas acerca de las leyes internacionales y las relaciones entre los gobiernos, y estén conscientes de las necesidades esenciales del mundo de la humanidad en este día. El número de estos representantes ha de ser proporcional al número de los habitantes del país. La elección de estas almas que son escogidas por la asamblea nacional, es decir, el parlamento, debe ser confirmada por la cámara alta, el congreso y el gabinete y también por el presidente o monarca, de manera que estas personas sean las elegidas de toda la nación y el gobierno. De entre estas personas se elegirán a los miembros del Tribunal Supremo y así toda la humanidad tendrá participación en éste, ya que cada uno de estos delegados representará plenamente a su nación. Cuando el Tribunal Supremo emita un fallo sobre cualquier cuestión internacional, ya sea por unanimidad o por mayoría, ya no habrá pretexto alguno para el demandante o motivo de objeción para el acusado. En caso de que alguno de los gobiernos o las naciones sea negligente o dilatorio en la ejecución de la irrefutable decisión del Tribunal Supremo, el resto de las naciones se alzará en su contra, porque todos los gobiernos y naciones del mundo serán los defensores de este Tribunal Supremo. Considerad cuán firme es este fundamento. Pero mediante una Liga limitada y restringida no se realizará el propósito como debe ser. Ésta es la verdad acerca de la situación que ha sido expresada [...]