¡Oh errantes sin hogar en el Camino de Dios! La prosperidad, el contento y la libertad, por muy deseadas que sean y por mucho que conduzcan a la alegría del corazón humano, no pueden en modo alguno compararse con las pruebas de la falta de hogar y la adversidad en la senda de Dios; pues tal exilio y destierro son bendecidos con el favor divino y sin duda son seguidos por la misericordia de la Providencia. El gozo de la tranquilidad que brinda el propio hogar y la dulzura de estar libre de todas las preocupaciones pasarán, mientras que la bendición de la falta de hogar perdurará por siempre y se pondrán de manifiesto sus trascendentales resultados.
La emigración de Abraham desde Su tierra natal hizo que se pusieran de manifiesto los generosos dones del Todoglorioso, y el ocaso de la estrella más brillante de Canaán desplegó ante los ojos el esplendor de José. La huida de Moisés, el Profeta del Sinaí, reveló la Llama del ardiente Fuego del Señor, y el surgimiento de Jesús infundió al mundo los hálitos del Espíritu Santo. La partida de Muḥammad, el Amado de Dios, de Su ciudad natal fue la causa de la exaltación de la Santa Palabra de Dios, y el destierro de la Sagrada Belleza condujo a la difusión de la luz de su Divina Revelación por todas las regiones.
¡Prestad atención, oh gentes de perspicacia!
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