Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá

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Es el amanecer, y en el lugar donde despuntan los invisibles dominios de Dios aparece la luz de la unidad; y desde el oculto mundo del Reino de unicidad se abate torrentosa una corriente de abundante gracia. Las buenas nuevas del Reino resuenan por doquier y de todas direcciones provienen los primeros signos matinales de la exaltación de la Palabra de Dios y la elevación de Su Causa. Se difunde la palabra de la unidad, se cantan los versículos de la unicidad, el mar de las dádivas de Dios lanza sus olas a lo alto y descienden Sus bendiciones como cataratas que caen.

Las confirmaciones de Aquel que siempre perdona han envuelto en luz todas las regiones, los ejércitos de la Compañía de lo alto se lanzan a librar batalla al lado de los amigos del Señor y triunfan, la fama de la Antigua Belleza –que mi vida sea ofrendada por sus amados– resuena de polo a polo y la palabra de la Santa Causa se ha difundido por Oriente y Occidente.

Todas estas cosas traen alegría al corazón y, sin embargo, ‘Abdu’l-Bahá está profundamente sumido en un océano de pesar, y el dolor y la angustia han afectado a tal punto mis extremidades y miembros, que una extrema debilidad se ha apoderado de todo mi cuerpo. Observad que cuando, estando completamente solo, sin nadie que me secundara, elevé la llamada de Dios por todo el mundo, sus pueblos procedieron a oponerse, a disputar, a contradecir. Por una parte, es evidente cómo los devotos fanáticos del pasado han preparado su ataque en todos los frentes; por otro lado, se tienen noticias de los mofadores embusteros y los límites extremos a que llegan por arrancar de raíz el Árbol Divino. ¡Qué malévolas y calumniosas acusaciones formulan contra la Antigua Belleza, qué panfletos llenos de perversas y depravadas imputaciones escriben afanosamente y propagan contra el Más Grande Nombre! Y ahora, en el más absoluto secreto, hacen un esfuerzo supremo por asestar a esta Fe un golpe temible.

Una vez más, los orgullosos han tramado todo tipo de conjuras y maquinaciones para inhabilitar completamente la Causa de Dios y borrar el nombre de ‘Abdu’l-Bahá del Libro de la Vida.

Y con todas estas tribulaciones, miserias y ataques del enemigo, ha surgido ahora una polvareda de mala voluntad entre los creyentes mismos. Y ello ocurre a pesar del hecho de que la Causa de la Antigua Belleza es la esencia misma del amor, el canal mismo de la unicidad, y que existe sólo para que todos lleguen a ser las olas de un solo mar, y brillantes estrellas del mismo cielo infinito, y perlas de las ostras de la singularidad, y relucientes joyas extraídas de las minas de la unidad; para que lleguen a ser siervos unos de otros, se adoren unos a otros, se bendigan unos a otros, se alaben unos a otros; para que cada uno desate su lengua y, sin excepción, ensalce a los demás; cada uno proclame su gratitud a todos los demás; para que todos alcen la mirada hacia el horizonte de gloria y recuerden que están vinculados al Sagrado Umbral; para que no vean nada sino el bien unos en otros, no oigan nada salvo alabanzas de unos a otros y no pronuncien palabra, unos acerca de otros, si no es solamente para alabar.

De hecho, hay algunos que huellan este camino de rectitud y, gracias a Dios, son fortalecidos y sostenidos por el poder celestial en todos los países. Pero otros no han ascendido como debieran a esta gloriosa y exaltada posición, y esto le impone al corazón de ‘Abdu’l-Bahá una pesada carga de dolor, de inconcebible pesar. Pues la Causa de Dios no podría ser asaltada por tempestad más peligrosa que ésta, ni podría otra cosa disminuir tanto la influencia de Su Palabra.

Incumbe a todos los amados de Dios llegar a ser como uno solo, reunirse a la sombra de un único pabellón, abogar por una opinión común, seguir un solo camino, mantenerse firmes en una misma determinación. Que olviden sus teorías divergentes y que descarten sus puntos de vista contrarios, ya que, alabado sea Dios, nuestro propósito es uno solo, nuestra meta es una sola. Somos los siervos de un solo Umbral, todos obtenemos nuestro alimento de la misma Fuente única, todos estamos reunidos a la sombra del mismo alto Tabernáculo, todos estamos al amparo del único Árbol celestial.

¡Oh amados del Señor! Si algún alma habla mal de un ausente, el único resultado será claramente éste: enfriará el entusiasmo de los amigos y tenderá a volverlos indiferentes. Pues la murmuración divide; es, entre los amigos, la principal causa de la inclinación a apartarse. Si alguna persona hablare mal de un ausente, corresponde que quienes le escuchen se lo impidan, de manera espiritual y amistosa, preguntando en efecto: ¿Serviría esta difamación para algo útil? ¿Agradaría a la Bendita Belleza, contribuiría al perdurable honor de los amigos, promovería la sagrada Fe, apoyaría la Alianza o sería de provecho alguno para algún alma? ¡No, jamás! Por el contrario, haría que el polvo se depositara tan densamente en el corazón, que los oídos ya no oirían y los ojos no verían más la luz de la verdad.

Sin embargo, si una persona se pone a hablar bien de otra, abriendo sus labios para alabar a otra, tocará una cuerda sensible en sus oyentes y éstos serán conmovidos por los hálitos de Dios. Sus almas y corazones se regocijarán al saber que, gracias a Dios, existe un alma en la Fe que es un centro de perfecciones humanas, la personificación misma de las mercedes del Señor, alguien cuya lengua es elocuente y cuyo rostro reluce en cualquier reunión en que se halle, alguien que tiene la victoria sobre su frente y vive sostenido por las suaves fragancias de Dios.

Ahora bien, ¿cuál es el mejor modo de obrar? Juro por la belleza del Señor que cuando escucho cosas buenas de los amigos, mi corazón se colma de alegría; mas cuando encuentro el menor indicio de que están en malas relaciones entre ellos, me abate el pesar. Tal es la condición de ‘Abdu’l-Bahá. Luego, juzgad por esto cuál es vuestro deber.

Alabado sea Dios porque, a dondequiera que nos volvamos, la Antigua Belleza ha abierto de par en par las puertas de la gracia y ha anunciado en términos inequívocos las buenas nuevas de la victoria, mediante la sostenedora ayuda del Señor. Por medio del amor ha extasiado los corazones de los creyentes, y ha confiado su triunfo a los ejércitos del Concurso de lo alto.

Ahora, en medio de todos los pueblos del mundo, los bienamados deben disponerse con un corazón como el sol, un fuerte impulso interior, la frente luminosa, el hálito almizclado, una lengua que siempre habla de Dios, un discurso clarísimo, el propósito elevado, un poder proveniente del cielo, el carácter espiritual, una confirmación nada menos que divina. Que cada uno de ellos llegue a ser como un esplendor en el horizonte del cielo y una estrella deslumbrante en los firmamentos del mundo. Que sean árboles fructíferos en los vergeles celestiales, flores de grata fragancia en los jardines divinos; que sean versículos de perfección en la página del universo, palabras de unicidad en el Libro de la Vida. Ésta es la primera edad, y éstos, los tempranos comienzos de la dispensación de la Más Grande Luz, por lo cual dentro de este siglo deben adquirirse virtudes, las buenas cualidades deben perfeccionarse dentro de este espacio de tiempo. En estos mismos días el Paraíso de Abhá debe armar sus pabellones en las planicies del mundo. Ahora deben ser reveladas las luces de la realidad, y ahora deben darse a conocer los secretos de las dádivas de Dios, y ahora debe brillar la antigua gracia y este mundo debe convertirse en el campo de delicias del cielo, el jardín de Dios. Y ahora deben ponerse de manifiesto mediante corazones puros y con mercedes celestiales todas las perfecciones, cualidades y atributos de lo divino.

En todo momento, ‘Abdu’l-Bahá suplica y con lágrimas implora al Todopoderoso, ante el Sagrado Umbral, exclamando:

¡Oh bondadoso Señor! Somos siervos de Tu Umbral, resguardados en Tu sagrada Puerta. No buscamos otro refugio más que este firme pilar; no recurrimos a otro amparo más que Tu custodia. Protégenos, bendícenos, apóyanos; haz que no amemos sino Tu complacencia, que no expresemos sino Tu alabanza, que solo sigamos el camino de la verdad, que lleguemos a ser lo suficientemente ricos para prescindir de todo salvo de Ti, y recibir nuestros dones del mar de Tu beneficencia, que nos esforcemos siempre por exaltar Tu Causa y difundir Tus dulces fragancias por doquier, que nos olvidemos de nosotros mismos y nos ocupemos tan solo de Ti, y reneguemos de todo lo demás y quedemos cautivados por Ti.

¡Oh Proveedor! ¡Oh Perdonador! Concédenos Tu gracia y Tu bondad, Tus dones y Tus dádivas, y apóyanos para que podamos lograr nuestro objetivo. Tú eres el Poderoso, el Capaz, el Conocedor, el que ve; verdaderamente, Tú eres el Generoso; verdaderamente, Tú eres el Todomisericordioso; y, verdaderamente, Tú eres Quien siempre perdona, Aquel a Quien Se Le debe arrepentimiento, Aquel que perdona hasta el más grave de los pecados.