Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá

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La razón fundamental de la maldad es la ignorancia y, por consiguiente, debemos adherirnos a las herramientas de la percepción y el conocimiento. Debe enseñarse el buen carácter. La luz debe esparcirse por doquier, para que, en la escuela de la humanidad, todos adquieran las características celestiales del espíritu y vean ellos mismos que, más allá de toda duda, no existe infierno más terrible ni abismo más ardiente que poseer un carácter malvado y pernicioso, ni hay fosa más oscura ni tormento más aborrecible que mostrar cualidades que merecen condena.

Una persona debería ser educada en un grado tal como para preferir que le corten la garganta a decir una mentira, y considerar más tolerable ser herido por una espada o traspasado por una lanza antes que decir calumnias o dejarse llevar por la ira.

Así se encenderá el sentido de la dignidad y el orgullo humanos, y el fuego consumirá la cizaña de los apetitos carnales. Entonces cada uno de los amados de Dios resplandecerá con las cualidades del espíritu como una luna brillante, y la relación de cada uno con el Sagrado Umbral de su Señor no será ilusoria sino sólida y real, será como los cimientos mismos del edificio y no un adorno de su fachada.

Por consiguiente, la escuela infantil debe ser un lugar de máxima disciplina y orden, la instrucción debe ser completa, y se debe prever la rectificación y el refinamiento del carácter, a fin de que, en sus primeros años, dentro de la misma esencia del niño, se echen los cimientos divinos y se construya la estructura de la santidad.

Sabed que este tema de la educación, de la rectificación y el refinamiento del carácter, de alentar y estimular al niño es de máxima importancia, pues éstos son principios básicos de Dios.

Así, si Dios lo quiere, de estas escuelas espirituales surgirán niños iluminados, engalanados con las más hermosas virtudes de la humanidad, y que no sólo irradiarán su luz por toda Persia, sino alrededor del mundo.

Es sumamente difícil enseñar al individuo y refinar su carácter una vez que ha pasado la pubertad. Para entonces, tal como lo ha demostrado la experiencia, aun cuando se hagan todos los esfuerzos por modificar alguna de sus tendencias, no servirá de nada. Quizá pueda mejorar en algo hoy, pero al cabo de algunos días se olvidará y retornará a su condición habitual y a sus modos acostumbrados. Por tanto, es en la primera infancia cuando debe establecerse una base firme. Mientras la rama sea fresca y tierna puede enderezarse fácilmente.

Es decir, que las cualidades del espíritu son el fundamento básico y divino, y engalanan la verdadera esencia del hombre; y el conocimiento es la causa del progreso humano. Los bienamados de Dios deben dar gran importancia a este tema y llevarlo adelante con mucho celo y entusiasmo.