Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá
1
¡Oh pueblos del mundo! El Sol de la Verdad ha aparecido para iluminar la tierra entera y para espiritualizar a la comunidad humana. Loables son sus resultados y sus frutos, abundantes las santas evidencias que proceden de esta gracia. Ésta es pura misericordia y generosidad del todo inmaculada; es luz para el mundo y para todos sus pueblos; es armonía y confraternidad, y amor y solidaridad; realmente, es compasión y unidad y el fin de la separación; es estar en armonía, en completa dignidad y libertad, con todos los que están en la tierra.
La Bendita Belleza dice: “Sois todos los frutos de un solo árbol y las hojas de una sola rama”. Así, Él ha comparado este mundo del ser con un árbol único, y a todos sus pueblos con las hojas del mismo, sus capullos y sus frutos. Es necesario que la rama florezca y que prosperen la hoja y el fruto, y de la interconexión de todas las partes del árbol del mundo depende el desarrollo de la hoja y la flor, y la dulzura del fruto.
Por esta razón, todos los seres humanos deben sostenerse con fuerza unos a otros e ir en busca de la vida sempiterna; y, por este motivo, los amantes de Dios, en este mundo contingente, deben llegar a ser las mercedes y las bendiciones que ha hecho llegar aquel Rey clemente de los dominios visible e invisible. Que purifiquen su vista y consideren a toda la humanidad como hojas, flores y frutos del árbol del ser. Que en todo momento se preocupen por hacer una buena obra para alguno de sus congéneres, ofreciendo a alguien amor, consideración, atenta ayuda. Que a nadie consideren como un enemigo o malqueriente, sino piensen en toda la humanidad como amigos, viendo al forastero como a un allegado, al extraño como a un compañero, permaneciendo libres de prejuicio, sin hacer distinciones.
En este día, el predilecto ante el Umbral del Señor es quien hace pasar de mano en mano la copa de la fidelidad; quien concede, aun a sus enemigos, la joya de la munificencia, y presta ayuda incluso al opresor caído; es aquel que hasta para el más cruel de sus enemigos ha de ser un amigo cariñoso. Éstas son las Enseñanzas de la Bendita Belleza; éstos, los consejos del Más Grande Nombre.
¡Oh queridos amigos! El mundo está en guerra y la raza humana se encuentra sumida en tribulación y combate mortal. Se ha impuesto la negra noche del odio, y se ha eclipsado la luz de la buena fe. Los pueblos y linajes de la tierra han aguzado las garras y se arrojan unos contra otros. El fundamento mismo de la raza humana está siendo destruido. Son miles las familias que deambulan desposeídas, y cada año se ven miles y miles de seres humanos revolviéndose en su propia sangre en polvorientos campos de batalla. Los pabellones de la vida y la alegría están caídos. Los generales practican sus estrategias, jactándose de la sangre que derraman, compitiendo unos con otros en incitar a la violencia. “¡Con esta espada”, dice uno de ellos, “decapité a un pueblo!” Otro dice: "¡Arrasé totalmente a una nación!" En tanto que otro dice “¡Derroqué a un gobierno!” ¡De semejantes cosas se enorgullecen los hombres; de tales cosas se glorían! El amor, la rectitud, son censurados por doquier, mientras se desprecia la armonía y la devoción a la verdad.
La Fe de la Bendita Belleza está emplazando a la humanidad a la seguridad y al amor, a la amistad y a la paz; ha erigido su tabernáculo en las cumbres de la tierra y dirige su llamada a todas las naciones. Por tanto, oh amantes de Dios, conoced el valor de esta preciosa Fe, obedeced sus enseñanzas, caminad por esta senda recta y enseñad este camino a las gentes. Alzad vuestra voz y entonad el canto del Reino. Difundid por doquier los preceptos y consejos del Señor amoroso, para que este mundo se transforme en otro mundo, esta sombría tierra se inunde de luz, y resucite y viva el cuerpo muerto de la humanidad; para que toda alma pida la inmortalidad, mediante los santos hálitos de Dios.
En breve habrán pasado vuestros fugaces días y habrán desaparecido sin dejar rastro la fama y las riquezas, las comodidades, las alegrías proporcionadas por este montón de escombros que es el mundo. Emplazad, entonces, a las gentes ante Dios, e invitad a la humanidad a seguir el ejemplo del Concurso de lo alto. Sed padres amorosos para el huérfano, un refugio para los desamparados, un tesoro para los pobres y una curación para los enfermos. Sed los auxiliadores de toda víctima de la opresión, los protectores de los desfavorecidos. Pensad en todo momento en prestar algún servicio a todo miembro de la raza humana. No prestéis atención a la aversión y al rechazo, al desdén, la hostilidad, la injusticia: actuad del modo contrario. Sed sinceramente amables, no sólo en apariencia. Cada uno de los amados de Dios debe poner su atención en esto: ser la misericordia del Señor para el hombre; ser la gracia del Señor. Que haga algún bien a todo aquel que se cruce en su camino y sea de algún beneficio para él. Que mejore el carácter de todos y reoriente las mentes de los hombres. De este modo resplandecerá la luz de la guía divina y las bendiciones de Dios acunarán a toda la humanidad; pues el amor es luz, en cualquier morada que habite, y el odio es oscuridad, donde quiera que haga su nido. ¡Oh amigos de Dios! Con el fin de que quede revelado el Misterio oculto y sea puesta al descubierto la secreta esencia de todas las cosas, esforzaos por disipar esa oscuridad por siempre jamás.
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