Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá

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¡Oh servidora del mundo de la humanidad! Ha sido recibida tu carta y su contenido nos ha traído mucha alegría. Constituyó una prueba decisiva y una evidencia brillante. Es muy apropiado y conveniente que en esta época iluminada –la edad del progreso del mundo de la humanidad– seamos abnegados y nos pongamos al servicio de la raza humana. Toda causa universal es divina y toda causa particular es temporal. Por tanto, los principios de las Divinas Manifestaciones de Dios han sido del todo universales y absolutamente inclusivos.

Toda alma imperfecta es egocéntrica y sólo piensa en su propio bien. Mas, a medida que sus pensamientos se expanden ligeramente, comienza a pensar en el bienestar y la comodidad de su familia. Si sus ideas se amplían algo más, su preocupación será la felicidad de sus conciudadanos; y si continúan extendiéndose, pensará en la gloria de su país y de su raza. Pero cuando las ideas y opiniones alcancen el grado más elevado de expansión y lleguen a la etapa de la perfección, la persona se interesará por la exaltación de la humanidad. Será entonces un bienqueriente de todos los hombres y procurará el bien y la prosperidad de todos los países. Éste es un indicio de perfección.

Así, las divinas Manifestaciones de Dios tienen una concepción universal omnímoda. Se esforzaban por el bien de la vida de todos y se ponían al servicio de la educación universal. El ámbito de sus propósitos no era limitado: por el contrario, era amplio y omnímodo.

Por tanto, vosotros también debéis pensar en todos, de modo que la humanidad se eduque, se modere el carácter y este mundo se convierta en un Jardín del Edén.

Amad a todas las religiones y a todas las razas con un amor verdadero y sincero, y demostrad ese amor con los hechos y no con la lengua; pues esta última no tiene importancia, ya que la mayoría de los hombres son bienquerientes de palabra, pero es mejor la acción.