Selecciones de los Escritos de 'Abdu'l-Bahá
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Has escrito sobre la cuestión de los descubrimientos espirituales. El espíritu del hombre es un poder circundante que envuelve las realidades de todas las cosas. Todo cuanto ves en torno a ti –maravillosos productos de la habilidad humana, invenciones, descubrimientos y evidencias parecidas– cada una de estas cosas había sido antes un secreto oculto en el dominio de lo desconocido. El espíritu humano puso al descubierto ese secreto y lo hizo salir de lo invisible al mundo visible. Por ejemplo, está el poder del vapor, la fotografía y el fonógrafo, la telegrafía inalámbrica y los avances de las matemáticas: en su totalidad eran antes un misterio, un secreto rigurosamente guardado, mas el espíritu humano desentrañó esos secretos y los sacó de lo invisible a la luz del día. Luego es evidente que el espíritu humano es un poder que todo lo rodea y ejerce dominio sobre la esencia íntima de todas las cosas creadas, poniendo al descubierto los bien guardados misterios del mundo de los fenómenos.
Sin embargo, el espíritu divino revela las realidades divinas y los misterios universales que se hallan dentro del mundo espiritual. Es mi esperanza que alcances este espíritu divino, para que descubras los secretos del otro mundo, además de los misterios del mundo terrenal.
Has preguntado acerca del capítulo 14, versículo 30, del Evangelio de Juan, donde el Señor Jesucristo dice: “No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el Príncipe de este mundo y nada tiene en Mí”. El Príncipe de este mundo es la Bendita Belleza; y “nada tiene en Mí” significa: después de Mí, todos obtendrán la gracia de Mí, pero Él es independiente de Mí y no obtendrá la gracia de Mí. Es decir, Él es rico por encima de toda gracia Mía.
Por lo que respecta a tu pregunta acerca de los descubrimientos que hace el alma después que ha dejado su forma humana: ciertamente, aquel mundo es un mundo de percepciones y descubrimientos, ya que será alzado el velo interpuesto y el espíritu humano mirará a las almas que están por encima, por debajo y a la par de él. Es similar a la condición de un ser humano en la matriz, donde sus ojos están velados y todas las cosas están ocultas para él. Una vez que ha nacido del mundo uterino y entra en esta vida, encuentra que, en relación con el mundo de la matriz, éste es un lugar de percepciones y descubrimientos, y observa todas las cosas con su ojo exterior. Del mismo modo, una vez que haya dejado esta vida, verá en aquel mundo todo lo que aquí estaba oculto para él: pero allí mirará y comprenderá todas las cosas con su ojo interior. Allí mirará a sus semejantes y sus pares, y a aquellos de rango superior a él y de rango inferior a él. En cuanto a lo que se quiere decir con igualdad de las almas en el altísimo dominio, es esto: las almas de los creyentes, en el momento en que por vez primera se hacen manifiestas en el mundo del cuerpo, son iguales, y cada una es santificada y pura. Sin embargo, en este mundo comienzan a diferenciarse unas de otras: algunas logran la más alta posición; otras, una posición intermedia, y otras permanecen en el grado más bajo de la existencia. Su condición de igualdad aparece al comienzo de la existencia; la diferenciación viene a continuación del fallecimiento.
Tú escribiste acerca de Seir. Seir es una localidad cercana a Nazaret de Galilea.
En cuanto a la declaración de Job, capítulo 19, versículos 25 al 27: “Yo sé que vive mi Redentor y que en el último día se alzará sobre la tierra”, el significado es éste: No seré humillado, tengo un Soporte y un Guardián, y al final se manifestará mi Auxiliador, mi Defensor. Y aunque ahora mi carne es débil y está cubierta de gusanos, seré sanado y Le contemplaré con estos propios ojos míos, es decir, con mi vista interior. Esto lo dijo Job después de que le hubieron reprochado y él mismo había lamentado el daño que le habían causado sus tribulaciones. Y si bien, por los ataques terribles de la enfermedad, estaba su cuerpo cubierto de gusanos, él procuraba decir a quienes le rodeaban que, no obstante, sanaría completamente, y que en su propio cuerpo y con sus propios ojos él contemplaría a su Redentor.
En cuanto a la mujer del capítulo 12 de la Revelación de San Juan, la cual huyó al desierto, y el gran prodigio aparecido en los cielos; aquella mujer vestida con el sol, con la luna bajo sus pies: lo que quiere decir la mujer es la Ley de Dios. Pues, de acuerdo con la terminología de los Libros Sagrados, ésta es una referencia a la Ley y la mujer es aquí su símbolo. Y los dos luminares, el sol y la luna, son los dos tronos, el de Turquía y el de Persia, los cuales estaban ambos bajo el imperio de la Ley de Dios. El sol es el símbolo del imperio persa y la luna, es decir, la media luna, lo es del imperio turco. La corona de doce lados son los doce Imanes, quienes, al igual que los apóstoles, sostuvieron la Fe de Dios. El Niño recién nacido es la Belleza del Adorado, proveniente de la Ley de Dios. Él dice luego que la mujer huyó al desierto, es decir, que la Ley de Dios fue llevada de Palestina al desierto de Ḥijáz, donde permaneció durante 1.260 años: es decir, hasta el advenimiento del Niño prometido. Como es bien sabido, en los Libros Sagrados cada día se cuenta como un año.
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